A la hora de armar un proyecto existe la confianza que su resultado será como se ha predicho, o cuando un programa está en operación hay que hacerle algunos ajustes para hacerlo más favorable, sin embargo en el trayecto surgen inconvenientes que echan por la borda los anhelos.

Es justamente lo que sucede en la Secretaría de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua (SSMAA), que plantea la conveniencia de guardar el vehículo particular y utilizar el transporte público, al argumentar que habría ahorros económicos, de energía y de protección al hábitat.

La reflexión la centra en que con 550 autobuses urbanos se pueden movilizar 230 mil personas, en tanto que 250 mil personas utilizan el mismo número de automóviles, por lo que es importante desplazarse en el transporte colectivo, como primer paso para cuidar la calidad del aire que todo mundo respira.

La cuestión radica en que la prometida eficiencia del nuevo servicio de camiones quedó en el compromiso y el discurso, porque los problemas que se registraban con ATUSA  (Alianza de Transportistas Urbanos y Suburbanos de Aguascalientes) son los mismos ahora.

Pasan las unidades atiborradas, principalmente en la mañana, por lo que un número considerable de usuarios tiene que esperar a la siguiente o pagar taxi; los estudiantes principalmente enfrentan a operadores malhumorados que los hacen batallar para permitirles el acceso, o bajan al pasaje una o dos cuadras más delante de donde solicitó el descenso, además persiste la costumbre de “cortar” la ruta de las ocho o nueve de la noche en adelante, asimismo está la falta de capacidad de la Dirección de Movilidad para ordenar que se agregue una o dos unidades a la “hora pico”.

Son dificultades que se viven a diario y que deben soportar casi 350 mil personas que utilizan el colectivo al no tener otra posibilidad para transportarse. Cuando se puso en marcha la eliminación de ATUSA, se dijo que el servicio sería altamente eficiente, pero está visto que todo fue jarabe de pico.

Tal vez, echándole números, sea un ahorro pagar la tarifa del transporte público en lugar de gastar en gasolina para el vehículo propio, pero sería interesante saber si en la Secretaría de Sustentabilidad todo el personal viaja en los urbanos. Lo común es que los funcionarios lo hagan para la foto, a imitación de senadores y diputados federales que se hacen retratar a bordo de bicicletas, pero sólo para llegar a las cámaras porque más tarde lo hacen en sus vehículos.

De poco sirve que los autobuses de fabricación china utilicen gas natural para, presuntamente, disminuir unas mil toneladas de emisión de contaminantes por año, o que en la citada dependencia le echen porras a la autoridad por “estas acciones para cuidar el aire”, si la hora de trasladarse el ciudadano sigue hallando los tropiezos de siempre sin que se escuche su voz.

Es indudable que una obligación primaria de los habitantes es participar en el cuidado del medio ambiente, pero esto debe ir asociado con buenos servicios donde tengan que ver el ecosistema, en otras palabras, no se puede pedir lo que no se es capaz de dar.

DETERIORO SOCIAL

Son múltiples las razones que confluyen para que un matrimonio fracase, pero por encima de todas está la falta de aceptación que cada uno es un ser individual, con anhelos, preferencias y propósitos propios, que bajo estas bases se le debe dar su lugar al otro y así, bajo un sentido de comprensión ir juntos, sabiendo que en el caminar habrá algunos cardos que se deben sortear para llegar al final con la misma voluntad del primer día.

Algunos siguen catalogando a la sociedad aguascalentense como tradicionalista, mesurada y siempre apegada a las buenas costumbres, pero la realidad es muy distinta, lo que se refleja en el número creciente de divorcios, que en los primeros ocho meses de este año asentó más de 14 rompimientos diarios.

Cada quien podrá explicar este apresuramiento para sepultar una ilusión compartida, y seguramente la mayoría dará por aceptadas las razones que llevaron a esa situación, pero atrás de todo están las nuevas condiciones en que se desarrolla la vida en común, principalmente que ya no hay tiempo para reflexionar, de sopesar el pro y contra de una acción de esta naturaleza, simplemente se llega al disgusto y luego a la pelea y concluye que lo mejor es ir por caminos separados.

Los ya comunes “divorcios express”, que se promocionan como el medio más rápido y económico para disolver el matrimonio, y los divorcios incausados que se caracterizan porque la solicitud de divorcio se presenta sin necesidad de manifestar la causa de la ruptura, son un “gancho” cuando uno de los cónyuges tiene problemas y ve una puerta abierta para desunirse legalmente.

Lo anterior puede ser de los motivos para que en esta entidad se incremente el número de rupturas. Mientras que en todo 2018 fueron 4,962, con un promedio diario de 13.5, de enero a agosto de 2019  procedieron 3,386, esto es, 14.1 diario. Salvo en el mes de abril, cuando se presentaron 287, en los otros siete meses rebasaron los 400, esto es, un promedio de 100 cada día incluidos sábados y domingos.

La gran pregunta de la que pocos tienen respuesta ¿Qué hacer para frenar esta ola de disoluciones?, porque es evidente que se necesita replantear el significado de la unión matrimonial y la responsabilidad que adquiere la pareja al iniciar esta etapa.

De poco consuelo sirve saber que Aguascalientes ocupa el sexto lugar en México con el mayor número de matrimonios, que en 2018 fueron 6,608, si por otra parte casi dos terceras partes de esa cifra se separó el mismo año.

En el fondo, lo más lamentable es cuando hay hijos, que sin duda alguna son los que más sufren con la situación que generan sus padres. Para los más pequeños resulta incomprensible que ya no estén juntos, o que sigan el pleito en los juzgados para hacerse de su custodia definitiva, lo que acéptese o no les provoca una ansiedad que se refleja en su comportamiento.

Naturalmente que hay situaciones que resultan insoportables de sobrellevar y que por tal de conservar la vida en familia se toleran, pero hay otras que por motivos baladíes se recurre al divorcio, en lugar de propiciar el diálogo y con un acto de humildad aceptar la parte que le corresponde a cada quien sobre la desavenencia. Con un poco de esfuerzo es posible limar asperezas y mantener la unidad en bien propio y de su descendencia. Así, sin tanto rodeo, es posible alcanzar el bien marital.

NO LE ALCANZARÁ

Si se toma literalmente la advertencia que hizo la alcaldesa María Teresa Jiménez, de que serán cesados los policías “que se salgan del redil”, podría fuera a una cuarta parte de la corporación, que han sido denunciados por los ciudadanos por diversas razones. Además, ni falta hacen los amagos, porque basta que les compruebe un acto ilegal para en automático sean separados e incluso consignados. El uso del uniforme para delinquir tiene que ser erradicado sin contemplaciones, lo mismo cuando hay abuso a la hora de una acción, por lo que sin esperar que todos los elementos asuman un comportamiento frailesco, sepan respetar los derechos de los ciudadanos y sólo en casos extremos recurrir al uso de la fuerza. Claro está que no es tan simple acabar con costumbres tan arraigadas, pero si hay mano firme tiene que haber frutos en bien de la sociedad y de la propia corporación, que seguramente es lo que desea la presidenta municipal y en lo que los ciudadanos están en el mismo canal.

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