Iris Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Osiel Alejandro Ballardo asegura que ha mostrado ser un buen almacenista, pero ahora no tiene trabajo porque, aseguró, es discriminado porque sus padecimientos mentales se han agravado con el desabasto de medicamentos.
El joven fue diagnosticado con los trastornos de Déficit de Atención e Hiperactividad, el límite de la personalidad y de distimia o depresión.
Explicó que su vida es «normal» si tiene en tiempo y forma sus medicinas, sin embargo ha tenido que batallar por conseguirlas.
Hace un año empezó tratamiento en la Clínica 64 del IMSS ubicada en Tlalnepantla, Estado de México.
Los medicamentos, refirió en entrevista, se le deben proporcionar de forma mensual, pero de los 12 meses, sólo en 3 se le han entregado de forma completa.
El joven de 24 años señaló que ha rogado en las farmacias del Seguro Social por sus medicinas y a su médico para que se los cambie por una clave que no tenga problemas con el abasto y distribución, puesto que si no los tiene su vida se complica.
En su último empleo, dijo, salía llorando por las complicaciones de sus síntomas, lo que empeoraba por los tratos que recibía por la discriminación, actitud depresiva y su falta de atención.
«De hecho hasta me dio parálisis facial; por salud mental, la verdad renuncié a ese trabajo y desde mayo no tengo trabajo. Me da miedo que en cualquier momento me quiten el seguro, pero yo he buscado trabajo y no miento en que debo tomar medicamentos y por eso no me contratan», lamentó.
Osiel contó que ha sido complicado el tener pocos recursos para comprar su medicamento, dar vueltas a la clínica a ver si ya llegó o buscar alternativas para conseguirlo.
«Me dicen (en el IMSS) sólo que entienda que hay desabasto», comentó.
En febrero, pidió ayuda en redes sociales, pues dijo que su situación era insoportable. Una señora se compadeció de él y desde entonces, le apoya costeando su medicamento.
«Me lo estuvieron donando, voy a Nezahualcóyotl por él. Es regalado por la señora. Me falta metilfenidato y es un medicamento que pues sí es algo costoso, cada caja cuesta como 600 pesos y ya me incrementaron las dosis, y nadie me da trabajo», expuso.
«Yo he demostrado, han visto que puedo, pero me discriminan. Las empresas me han estado negando la oportunidad de laborar porque cuestionan que por qué tomo medicamentos y ellos dicen que pues no soy una persona apta para laborar con ellos, sabiendo que yo cuento con las capacidades y la experiencia para la vacante», dijo.