Durante las últimas semanas, el panorama local, nacional e internacional nos ha obligado a dejar atrás cuestiones fascinantes como las elecciones norteamericanas o las propias elecciones que se llevarían a cabo en territorio nacional, nuestra Feria Nacional de San Marcos, las Olimpiadas y un sinfín de situaciones que podrían darnos material para poner sobre la mesa algunas cuestiones; sin embargo, el tema obligado continúa siendo el coronavirus y sus repercusiones.

Mucho se ha hablado sobre las implicaciones del fenómeno en materia laboral, siendo así que hay quienes creen o quisieran ya comenzar a creer que las autoridades han autorizado y actualizado la suspensión de las relaciones laborales derivadas de una “contingencia sanitaria”, según lo previsto en la propia Ley Federal del Trabajo; sin embargo, habrá que seguir siendo enfáticos y declarar que dicha situación aún no se actualiza, por lo que todas las empresas y fuentes de empleo deberán mostrar solidaridad frente a sus trabajadores para continuar pagando el salario.

Dicha solidaridad se ha convertido más bien en una exigencia gubernamental que desde mi muy humilde punto de vista, es y será el más grande error del Gobierno Federal. Primeramente, ya que efectivamente la solidaridad y el gran humanismo patronal es uno de los valores más significativos frente a la situación que se vive, por lo que definitivamente deberá seguir existiendo en las relaciones laborales; sin embargo, no de la manera en la que el gobierno pretende imponerla.

Recordemos que para el gobierno ha resultado muy sencillo sugerir y exigir que todos se queden en casa, exigiendo de igual manera el pago completo de los sueldos a los creadores de las fuentes de empleo y amenazando a los patrones con sanciones brutales para el caso de incumplir con ello. Mientras que por otra parte, ellos como gobierno no han mostrado ni la más mínima empatía y mucho menos solidaridad en apoyar a los emprendedores, empresarios y generadores de empleos.

Las razones por las cuales el Gobierno Federal no ha querido decretar la contingencia son más que obvias si se analizan bajo la óptica de que el partido en el poder tiene como rasgo característico el ser un partido populista, por lo cual decretar la contingencia y la suspensión de relaciones con sueldos mínimos traería aparejada la perdida de miles de simpatizantes y votantes. Lo anterior representará el acabose de este gobierno, ya que por cuidar a sus votantes desatarán una crisis económica de la que el país difícilmente saldrá adelante y el costo económico de pensar como políticos y no como gobernantes será su peor verdugo.

En mi opinión, se trata de que todos como mexicanos efectivamente pongamos en practica la solidaridad y nos hagamos fuertes para salir juntos de esta situación. Habrá que ser solidarios con nuestros comerciantes, con los pequeños expendios de abarrotes, con las centrales de abastos, con los microempresarios, con nuestros empleados y con todos los que nos rodean; pero por otra parte, habrá que exigir solidaridad también de nuestras autoridades gubernamentales.

Principalmente, se trata de que el propio Gobierno Federal comience e imponga certeza jurídica en sus determinaciones, tanto por parte del propio Consejo de Salubridad General, como por parte de las autoridades; de manera que los decretos y comunicados comiencen a contar con directrices claras y contundentes, con acciones concretas y estímulos suficientes, para que todos fortalezcamos una especie de economía colaborativa.

 

David Reynoso Rivera Río.

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