Luis Muñoz Fernández.

El confinamiento voluntario con el que respondemos a la amenaza viral tiene múltiples consecuencias. Mucho se ha escrito y se escribirá sobre ello. Tal vez la mayor parte de esas reflexiones nos hablan de pérdidas, restricciones, disminuciones. Por eso se usan tanto palabras como contención, mitigación, reducción. Pensamientos negativos que rozan el lamento y llaman al arrepentimiento. Confesión y penitencia de urgencia en el umbral del apocalipsis: nueva normalidad.

La reclusión también puede ser fuente de algún descubrimiento. En medio de tanto ruido es fácil distraerse. Y como esta civilización medra en el bullicio, se vive distraído. Con la distracción viene el olvido, que es hermano de la ignorancia. Lo olvidado se da la mano con lo ignorado.

Eludiendo al coronavirus, puede que acabemos encontrando algo que habíamos olvidado o que nunca habíamos conocido. En otros casos, no por ignorado ni por olvidado, el encierro nos permite apreciar lo que sabíamos que teníamos pero que no podíamos gozar en medio del estrépito.

Felices aquellos que se encuentren en ese supuesto. Dichosos los que nos encontramos en él, ya que ahora podemos disfrutar sin trabas a quienes amamos y también a nosotros mismos. Huyendo del mundo hostil, hemos encontrado el “cubiculumcordis” (el pequeño recinto del corazón) que, citando a los padres de la iglesia primitiva, nos descubre Antonio Pau en su bello “Manual de Escapología. Teoría y práctica de la huida del mundo” (Trotta, 2019).

No debe ser casualidad que Pau signifique “paz” en catalán. Sus palabras apaciguan. En su libro nos descubre que soledad y compañía se relacionan más allá de su antonimia:

“Todo hombre viene al mundo con el dolor de la soledad impreso en su naturaleza. Todo hombre nace herido de soledad. […] Pero hay una soledad de la que se huye (la soledad-angustia) y una soledad que se busca (la soledad-quietud). […] También hay una compañía de la que se huye (la compañía-obstáculo que nos lo impide todo, la tranquilidad, la serenidad, la quietud, la paz) y una compañía que se busca (la compañía-dádiva, la que nos da gratuitamente todo, la paz, la comprensión, la ayuda). Deshaciendo el enredo, se puede decir que se huye de la soledad-angustia a la compañía-dádiva, y de la compañía-obstáculo a la soledad-quietud”.

Así, mientras permanecemos encerrados, podremos descubrir el significado positivo y enriquecedor de quedarnos en casa.

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