Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Luego del decreto episcopal para la celebración del año jubilar con motivo del centenario de la llegada de la imagen de la Virgen de la Asunción, promulgado el 15 de agosto de 2018, se publicó el 19 de agosto en la página de Facebook “Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción” una fotografía del ciprés, la estructura central del altar mayor del templo, pero sin la estatua de doña Mariquita de la Asunción. La imagen fue acompañada por la leyenda “El trono está vacío, la catedral está en silencio y la casa está triste, pues la Señora no está.” A manera de información adicional se agregó que la imagen estaba en la antesacristía “mientras es restaurada y se prepara una réplica que saldrá a las parroquias por su centenario”. También “se subieron” a la página citada varias fotos donde se ve la imagen al ser bajada de su emplazamiento, en un andamio, o ya en la antesacristía, rodeada de personas que la observan, entre ellas el obispo y el anterior custodio.
En fin. Teniendo en cuenta estos hechos, digo, me dispuse a hacer un seguimiento de estos acontecimientos con el fin de documentarlos; hacer lo mismo que hace 15 años, cuando la instalación del nuevo órgano de catedral, ahora con el centenario de doña Mariquita de la Asunción. Así que me acerqué a la catedral, para poner a disposición de la autoridad competente mis raquíticas habilidades como cronista; mi grabadora y computadora -en siglos anteriores diría que mi pluma-, pero aquel “a quien corresponda” me dijo que ese era un asunto del obispo, y lo dijo no sin cierto tono de tocar madera y tomar distancia. “Mmm”, pensé para mis adentros, como diría mi amigo Chuy López: “ya valió madre mi comadre”.
Ya antes me había acercado al obispo emérito de la diócesis fantasma de Panatoria, región que estuvo en la costa mediterránea de África y que ahora corresponde a Argelia. Digo que me le acerqué con la intención de entrevistarlo para mi trabajo -nunca terminado- sobre la remodelación de la plaza que realizó el antiguo régimen para liberar el Teatro Morelos de los edificios aledaños, con motivo del centenario de la Convención de Aguascalientes, en 2014; documentar el asunto.
Dicha remodelación, que trajo como consecuencia la creación del tejabán de las jacarandas y el patio de Jesús F. Contreras con esas reproducciones tramposas de los relieves parisinos del escultor aguascalentense, tendría planeado recorrer la explanada de la plaza hasta las mismísimas puertas de catedral. O sea que se llevaría de corbata el atrio de la sede episcopal, uno de los pocos que quedan en Aguascalientes.
Pero entonces, dichos de la gente, alguien deslizó el proyecto hasta las manos del de Pegueros, Jalisco; alguien que actuó en las sombras -es un decir- incluso procedente del propio gobierno, o se lo platicaron al oído -también es un decir-, y entonces, al ver lo que se planeaba, de inmediato habría declarado su oposición y puesto el grito en el cielo -¿qué habría dicho, Viva Cristo Rey, Jesús mil veces, Nuestra Señora de Aguascalientes protégenos, Sagrado Corazón de Pegueros, no nos abandones?-. Entonces, para evitar semejante despropósito, se habría comunicado directamente con el secretario de Cultura, que lo era Rafael Tovar y de Teresa, quien, para evitar una nueva guerra de religión, habría exigido al de la puntada, la modificación del proyecto para, de esta forma, salvar el atrio de la catedral, y con él las idílicas y risueñas relaciones Estado Iglesia, y entonces, el soberbio por excelencia, aquel que se creía superior a cualquier, tuvo que recular y modificar el proyecto de marras.
Esto se decía, digo, en aquellos días de fines de 2013, o principios de 2014, en conversaciones informales pero, como digo, nada de esto me constaba. Por eso quería yo tener una versión de primera mano de uno de los participantes, para echarle seriedad a mi trabajo. Pero, insisto, esto son puros dimes y diretes, cotilleos aderezados con una taza de café, y por ello mismo indignos de crédito, por lo menos no hasta contar con una confirmación de manera inequívoca.
Pero entonces usted, honesto lector, se preguntará por qué le cuento estas cosas, si son indignas de consideración. La respuesta es muy sencilla: porque dados los presuntos implicados y lo que estaba en juego, pueden formar parte del imaginario local… Es algo así como el cuentito del beso en el proceso de creación del Departamento de Aguascalientes: nadie lo cree, pero todos lo conocemos y contamos, porque es agradable.
En fin. Vi al peguerense -¿o es peguereño?- el 16 de junio de 2015, en el auditorio doctor Pedro de Alba de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en la visita que hizo a la UAA el obispo de Saltillo, Raúl Vera. Me le acerqué en la primera fila, en donde se había sentado. Lancé por delante mi pobre e inútil prosopopeya -la que escribo en el título de mis líneas, debajo de mi nombre-, y le pedí una entrevista, para tratar el tema. Él sacó su capote, se echó pa’tras la montera, y me hizo la faena: mucha sonrisita, mucha amabilidad, pero nada de entrevista; nada de información; igualito que en el Son de la negra.
Ya para terminar, por lo menos en esta ocasión, las reproducciones de los relieves parisinos del escultor aguascalentense Jesús Contreras, algunas de ellas bastante pobres comparadas con los originales, son tramposas por eso, porque son reproducciones. La trampa radica en que en ninguna parte del espacio se aclara esto. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).