Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Vayan ahora algunas características de la escultura de Nuestra Señora de Aguascalientes, que me aportó el maestro restaurador Víctor Gasca Arias, que realizó en 2019 la intervención más reciente en la imagen. Pesa unos 250 kilos, es de tela, una pasta de temple de blanco de España, que es carbonato de calcio aglutinado con cola animal. Es un aglutinante; un adhesivo. Se mezcla y se hace la pasta. Pasta, tela y madera. En el caso de los querubines, uno de ellos tiene el rostro de pasta de estuco, que se le agregaba brea al “Blanco de España”, se hace más rígido. Los ojos son de cristal, la peana es de madera, el trono de nubes también es madera, pero ahí ya podemos empezar a distinguir, en algunas partes hay un entelado, hay una estructura, pero está… Ella está íntegra, estructuralmente está bien. Su problema son todos los repintes.

¿A qué tradición artística responde? “Le llaman allá imaginería española sacra de 1800, 1900. Esa es su temporalidad, donde pudieron ellos retomar algunos modelos. Porque ya hay modelos, escalas, y lo único que van haciendo es interpretar la concepción de cómo la van a terminar. Los acabados son los fundamentales, pero ya tenemos el uso de pintura acrílica y ya tenemos el uso de pinturas al aceite.”

Sin duda, las advocaciones más populares son, tal vez en este orden, la Inmaculada Concepción y la Asunción. Gasca contesta: ¡claro! son los dogmas marianos, aparecen con más fortaleza.

El maestro restaurador, procedente de San Luis Potosí, comenzó a trabajar hacia fines de mayo de 2019, con la intención de tener lista la imagen antes del quincenario. No la bajaron, por lo mismo. “Bueno, hicieron una réplica”, recuerda Gasca. “Bajarla… ¿para qué tanto? Tienes el espacio suficiente para trabajarla. No tienes por qué estarla testereando. Hay que darle la importancia que tiene. Es una escultura, no un PTR que tenga la fortaleza como para moverla así, con toda la calma del mundo. Necesitan hacerlo con cuidado. Entonces, me encuentro con golpes, partes rotas, la parte de debajo de la peana está fisurada, los querubines, las alas bien frágiles. Me encuentro con dedos de “plastiloca”, los querubines. Eso me habla de que ¡chín, ya le rompiste un dedo! No lo encontramos, ¡ponle aunque sea uno…!

Yo le quiero devolver la capacidad…Y sobre todo la fuerza que tiene nuestra mater, tratándola desde ese punto, con todo el cuidado del mundo.

Habíamos estado trabajando las ocho horas, pero vamos a empezar a trabajar más, porque tenemos que tener la reposición e integración de todos los dorados, y eso implica mucho tiempo. No se interrumpen las misas, porque tienen las cortinas, y ahí estamos.

Devolverle la belleza es el reto. Ahorita yo me encuentro a la virgen con muchos agregados que no tienen ningún sentido. Por ejemplo, unos hermosos señores tornillos, que no tienen para qué, me encuentro con un clavo en el cuello, para sujetar yo creo que una mantilla, no sé.

Lo más difícil es estar liberando todo esa, todas esas pinturas, los repintes, que los hicieron… pues porque se los pidieron.

Yo creo que la única intervención afortunada fue la del estofado, y creo que en su momento le dejaron muy bien manos y todo, pero… Ahí aparecen firmadas dos intervenciones, pero no fueron dos. Han sido más; yo veo mínimo cuatro.”

Por lo regular, Gasca trabaja con tres personas, aunque ahora sólo están José Castillo y Noemí Cardona.“Nos hacemos chiquitos para caber. Lo que intentamos es no estar generando tanto calor. Movemos solventes, alguna cosa, los espaciamos, tenemos ahí unos banquitos, y los espaciamos. Estábamos trabajando desde medio día hasta la noche, pero ahorita vamos a estar trabajando desde las 8 de la mañana hasta que el cuerpo aguante, porque ya viene lo bueno.

En los últimos repintes, imagínese el tamaño de la agresión, que los pinceles dejaron muestras de sus cerdas, los trazos de las cerdas”.

Entre una misa y otra, subimos al presbiterio, y Gasca corre para mí el velo que impide ver la imagen. La verdad… la verdad, me llevo la sorpresa de la vida, porque la veo como nunca esperé, con una serie de manchas rojas que le surcan las mejillas. Son unos pequeños círculos que la hacen ver mejor no digo como. Gasca me explica que es una base que contiene una arcilla que se llama bol arménico. Sepa… Sepa yo, pero el diccionario de la RAE sí sabe y me informa que es una “arcilla rojiza procedente de Armenia y usada en medicina, en pintura, y como aparejo en el arte de dorar, que sirve como un sellador para la madera, la pasta, y sobre de esa se pinta”.

O sea que en el momento de la entrevista, junio de 2019, estaba en proceso de aplicación esta arcilla rojiza. ¡Qué susto!“No estaba así originalmente, pero tuvimos que llegar hasta este punto de intervención porque estaba tan penetrada la pintura de aceite, que la iba a levantar con todo y yeso. Es que se endurece, se endurece, hasta que se estrapa (palabra asturiana que significa estrellar, aplastar). Estamos hablando del tipo de pintura de aceite que se utiliza para pintar la puerta de una cocina. Hasta ese nivel de intervención es la imagen, porque estaba tan penetrada la pintura.

Ahora estamos en presencia de los acabados metálicos originales. Esos colores que se ven ahorita no eran los que tenía. Ya se limpió toda. Esos ya son sus tonos originales. El dorado y el blanco es el estofado, pero esos estofados recibieron un repinte con pintura como la que le digo, con la que pintaron estas cosas.

Algunos de plano se exfoliaron. La lámina de oro si se frota, se desgasta, se queda hasta un punto en que ya se ve la base de imprimación. Como cuando rasparon eso, las molduras, y las volvieron a dorar, que se veían como rojo.” (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).