Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Víctor Gasca Arias, de San Luis Potosí, autor de la más reciente restauración de la escultura de la Virgen de la Asunción de Aguascalientes, me cuenta que vio la imagen… Y hubo algo que no le gustó, pero entonces debió irse de la ciudad: “me voy a Estados Unidos, no sin antes expresar mi inconformidad porque algo le había pasado, y empiezo a hablar por aquí y por allá, hasta que me encuentro al padre Neftalí y le digo: oye padre, acércame a la catedral. Es que algo le hicieron a la Virgen. ¡Ay, cálmate! Ya me conoce que soy muy intenso. Bueno, luego le platico al padre Raúl de ti. Pasado un tiempo, y llego un día con el padre Raúl y me dice: bueno, pues veremos. Traiga su proyecto. Llevé el proyecto, se lo presento, bueno, y me voy a trabajar a Estados Unidos, y entonces estaba terminando. Me acuerdo que fue una noche, previo a la fiesta de San José, y le digo: Señor, ya voy a terminar. Tú ¿qué me tienes reservado?, porque aquí, ya ves el trompas (Donald Trump) cómo anda, todo mundo hablando de que si nos corren, y todo eso, y sueño que estoy en la catedral, y que estoy ahí, con ella. Entonces dije: tengo que ir. Pasó el tiempo, regreso a México y me dice el padre: ¿oiga, pues qué no quiere el trabajo? Ya hasta se estaban llevando el proyecto. Se robaron un pastel y se estaban llevando un proyector y ya también iban con su proyecto. ¿Va a trabajar o no? Y aquí estoy.

En el templo de San Diego trabajé la balaustrada interior y los ángeles ceroferarios, en la parte interior unos bustos alto relieves que están ahí puestos, en el interior de una hornacina que da cabida al pequeño ciprés de mármol que tiene la Inmaculada Concepción, luego la Santísima Trinidad que está arriba, y el primer trabajo con Juan Ignacio Ceja que fue el San Felipe de Jesús. Después vengo al Ave María, porque quisieron robarse la custodia. La tiraron, la doblaron, desprendieron… Se robaron los granates, las perlas, las zirconias, yo la restauré.

En fin, que algo pasó con la Virgen de la Asunción, en el 2004 y en el 2010, en que la imagen fue repintada, la intervinieron. Yo no puedo decir que estuvo “mal hecho” el trabajo. Más bien creo que fue “poco cercano”. Perdimos la belleza y obtuvimos simplemente un todo, como una plasta, y ella no es una plasta. Tiene sus atributos, tiene muchísimas cosas que la favorecen, que la hacen distinta, que la pueden hacer reconocible, diferente. De hecho creo que no tiene el problema que tiene la Virgen de San Juan con la de Teocaltiche, que se parecen muchísimo. Cada quien tiene su perspectiva. La Virgen de Aguascalientes es potente por sí misma, y presente por sí misma. Pero el problema fue, al menos a mi entender, que esas intervenciones fueron poco caritativas, poco cercanas a la realidad”.

¿Ah sí? Me digo a mí mismo no sin una dosis de escepticismo, y pregunto: ¿cuál es la realidad?

“La realidad es que está bien hermosamente trabajada, su rostro, sus ojos, sus proporciones, sus manos, y la empiezas a repintar con productos no aptos, no compatibles. Empiezas a tener escamaciones. ¡Claro, esa realidad!”. Gasca continúa: “Empiezas a tener desprendimientos de la misma pintura. Como es tan pesada y tan gruesa esa pintura. Empieza a formarme como un guante. Primero se pasma, después, la misma pintura se comprime en algunas áreas, y después se estrapa; se levanta, como si hubieras puesto una cuña. Pareciera que se convierte en una hojuela, en los querubines, en ella, en su cara. Es como cuando nos quemamos al sol, que decimos que nos despellejamos.

Vulgarmente diríamos que se está descarapelando. Luego le pones unas pestañas para chicas, sintéticas, ¡No! y luego le pones unas uñas rosas, a los querubines ¡menos! y luego se les ocurre, a alguien, decir que el oro líquido, y agarran unos pinceles de esos marca Pilot, y empiezan a remarcar todo el estofado, pero para colmo de males le ponen barniz encima…”.

Semejante andanada de información es como para sentirse aturdido, y propicia la siguiente pregunta: ¿hay una ortodoxia en materia de restauración? El joven restaurador se entretiene, piensa, y contesta: “¿así como lo digo yo? Yo creo que es la facultad que te da la restauración. Si tú vas a restaurar algo, déjalo en su originalidad, pero sin tener miedo de meterle la mano. Porque aquí en México, hacemos muy seguido eso: intervienen con miedo a devolver la potencialidad y la belleza original. Pero en muchas ocasiones te alegan eso para decir: “mejor metemos mica en lugar de oro”. ¿Pero por qué, si tienes oro? ¿Por qué vas a meter una mica, que es un producto cosmético que aglutinas con barniz? Es que la mica no cambia de color. Pues el oro tampoco, si es legítimo. Pero, si no conoces su aplicación, su kilataje, y las variedades que puedes hacer con él, pues entonces se entiende que tengas más miedo que ganas de hacer las cosas”. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).