Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

 Ahora que está por iniciar el mes dedicado a doña Mariquita de la Asunción, permítame ofrecerle los restos de un trabajito que llevé a cabo hace… 3 años, con motivo de los 100 años de la llegada a Aguascalientes de la imagen que preside en catedral.

Entonces, durante 2019 ocurrieron tres cosas principales. Por una parte, se mandó hacer una copia de la original, para que fuera llevada en peregrinación por toda la Diócesis durante todo el año. La segunda cosa es que algunas partes de la Catedral fueron también restauradas, algunos techos de las capillas laterales, el dorado de algunos detalles del ciprés del altar mayor, la capilla del Santísimo. La tercera tarea, probablemente la más importante fue la restauración de la propia imagen, que tranquilamente se dirigía a su cumpleaños 101.

Teniendo en cuenta lo anterior, un día de aquel año me apersoné en Catedral y le solicité al custodio del principal templo católico de Aguascalientes -en España a este cargo le llaman fabriquero-, el sacerdote Raúl Sosa Palos, si es que era su voluntad, ponerme en suerte con el restaurador, a fin de hacerle una entrevista que me permitiera documentar este asunto.

Por fortuna para mí sí la fue, y tuve la oportunidad, el privilegio, diría, de conversar con el restaurador, el señor Víctor Gasca Arias, un joven de 39 años, un artista dotado de un gran celo por su trabajo, originario de San Luis Potosí.

Platiqué con él, plática interesante, muy ilustrativa para mí, al medio día del 17 de junio de 2019 ahí, a un costado del altar de la Dormición –nave norte de catedral-. Me acuerdo que el recinto estaba cerrado, y esto parecía haber producido un efecto mágico sobre el lugar, ahuyentando su naturaleza sacra y convirtiéndolo en una instalación fabril. Es decir que si normalmente entramos a los templos con la reverencia bajo el brazo, el silencio respetuoso entre las manos, propicio para escuchar la voz de Dios –asumo la perspectiva del creyente- en aquel momento no hubo tal, sino todo lo contrario; algo muy extraño para un espíritu simple como el mío.

Como digo, la Catedral estaba cerrada, pero había dentro varias personas realizando diversas tareas de mantenimiento y/o restauración, de techos, el dorado de algunas partes del ciprés; el remate de las columnas y, sobre todo, de la capilla del Santísimo -nave sur, parte poniente-, en donde sonaba una radio con música de banda, y había un olor químico tan penetrante; tan potente, probablemente de algún barniz, que tal vez si lo respirara a todo pulmón durante unos minutos, terminaría viendo a Dios más temprano de lo que se me tiene previsto –toco madera.

Así que aquello era un continuo martilleo, ruido de arrastre de cosas, el trapazo de aceite a los pisos, las voces de los operarios que conversaban como si estuviéramos en la plaza, a los que se sumaron los omnipresentes ruidos urbanos, el tráfico rodado. Total que de silencio nada.

En el transcurso de la entrevista tuve la intención de ir de lo general a lo particular. Así que hablamos de restauración de arte sacro en general, hasta llegar a doña Mariquita de la Asunción.

Así que aquí voy: Víctor Gasca Arias, restaurador y conservador de arte sacro e histórico. Su experiencia, su conocimiento, procede de la familia, aunque hizo estudios –seis meses- en Gaia, una empresa de Valencia, España, dedicada a la restauración de patrimonio, que además ofrece diversos cursos, y trabajó en un taller de fabricación de oro en hoja en Florencia, tres meses.

Como dije, la mayor parte del trabajo, y conocimiento viene de la familia, primero de su abuela paterna, la señora Soledad Ginori Ortiz, y después, ya con su padre, José Pascual Gasca Ginori. Así que él representa una tercera generación, y pese a su edad, cuenta con más de 25 años de experiencia. Su abuela era italiana, de la Toscana, Florencia. Su familia viene a México en el Porfiriato, y se instalan en Michoacán. Vienen para tecnificar el campo, hacer acueductos, desarrollar las artes, etc. Ellos llegan con las porcelanas, y de hecho allá todavía hay una empresa que las hace, a cargo de Richard Ginori. El apellido Gasca es franco español, de la Gascuña.

De entrada dispara: El oro en hoja, mi arma de trabajo, y a propósito de su estancia en Florencia, me habla del famoso oro florentino de diferentes colores y aplicaciones. Aquí en México nada más conocemos una, que es la manual, por medio de un adhesivo. Se puede hacer un procedimiento al aqua: al agua alcohol, un adhesivo, un aglutinante y se va a aplicando a la lámina. Es oro libre, lo llaman. La otra técnica, es ya por medio de calor. La lámina viene en unos rodillos térmicos. Entonces, prepara uno la base y se estampa; como si fuera una impresión. Se utilizan las manos para guiarlo, pero el proceso lo hace el rodillo.

Tampoco estamos familiarizados con el oro transferible, que es una lámina, pero adherida sobre papel de seda, de diferentes formatos, desde el 8 hasta el treinta y tantos de ancho. Se aplica igual. La ventaja es que el oro no está libre, no se vuela y se puede medio palpar, pero sobre el papel, se palpa. Son técnicas más desarrolladas.

(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).