Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Una de las actividades de la conmemoración del centenario de la llegada a Aguascalientes de la imagen de la Virgen de la Asunción fue la creación de una copia de esta escultura, para que recorriera las parroquias de la diócesis. Por cierto que hubo quienes no sólo se opusieron a que se utilizara la imagen original, sino también a que se hiciera una copia, pensando que quizá no faltaran las personas que se confundieran y creyeran que finalmente sí había salido la escultura centenaria. Entonces se propuso que se utilizara la imagen del Cabildo de la Catedral, que es más pequeña, y que fue la que presidió en el altar mayor de catedral durante los días en que la original sirvió de modelo para la copia.

Lo que no me queda claro es cómo fue que el proponente de la medida finalmente aceptó que esta no se llevara a cabo. Digo que no me queda claro porque hasta donde tengo conocimiento -cuarenta años de experiencia me respaldan- no hay político que no incorpore en su pensamiento y práctica cierta dosis de necedad; ya el tamaño decídalo usted. No sé qué ocurrió; a lo mejor doña Mariquita de la Asunción se le apareció en la noche y le aplicó un estate quieto, o lo amenazó con mandar al Atlas al infierno de la desaparecida división de ascenso, los transportes por carretera y las tortas de queso de puerco, si no desistía de sus intenciones; a lo mejor. El hecho es que finalmente ordenó que se realizara una copia del original.

A propósito de esta, el 18 de agosto de 2018 me apersoné en catedral, para ver cómo se veía el trono vacante; el ciprés vacío, dado que sabía que la imagen original había sido bajada de su emplazamiento para que sirviera como modelo de la copia que iba a realizarse. Haciéndome el occiso, me acerqué a una mujer que hacía el aseo en las inmediaciones del altar mayor, para preguntarle por la imagen, esto porque frecuentemente ocurre que se obtiene más y mejor información a mero abajo, con las bases, que arriba, con los directivos, que casi siempre ven moros con tranchete y tienden a actuar de manera facciosa. Pero esta vez se me volteó el chirrión por el palito, porque a mi pregunta, la mujer volteó hacia el altar, y con expresión asombrada contestó: ¡No está!, y ahí acabó el asunto. Puesta la mirada en el suelo, la doña no se había dado cuenta de semejante ausencia. Luego le pregunté a un joven, que algo andaba haciendo en el recinto, ya no me acuerdo, pero sí que con firmeza me contestó que estaban haciendo una réplica, ahí mismo en catedral, aunque en rigor todavía no comenzaban.

Los trabajos estuvieron a cargo del escultor Alfredo Martínez, de la hermana República de Teocaltiche, un personaje que al parecer trabaja de forma exclusiva para la basílica de San Juan de los Lagos. En condiciones normales la manufactura de una imagen de estas características, todo el proceso, llevaría unos siete meses, pero no los había, sino uno y medio, porque la escultura tenía que estar lista para el uno de octubre, fecha en que iniciaría el año jubilar, y con él las visitas a las parroquias, que concluirían el 15 de agosto de 2019, en la que estaría presente en el atrio de catedral, o en la plaza, para presidir una verbena popular.

La imagen original fue bajada el 22 de agosto, luego de la misa de medio día, esto para que sirviera de modelo para la copia. Terminada la celebración, se armó un andamio, se instaló una carrucha, se aseguró la escultura y se bajó, en un procedimiento en el que participaron unas 16 personas. Ese mismo día empezó a trabajar el escultor. Vino cotidianamente de Teocaltiche, llegaba a las 6 de la mañana a catedral y se iba cerca de las 21 horas.

Por cierto que el día que bajaron la imagen, el que hizo la réplica la observó y tuvo un gesto tan inteligente como humilde, que mucho le honra. Martínez dijo: “Creo que la puedo hacer, toda la imagen, en mes y medio. La cara tal vez en mi vida la podría reproducir”; algo así.

Muy bien. Dejo aquí esta estatua, a la que regresaré en otra ocasión. Cambio ahora de tema, para referirme a una imagen de doña Mariquita de la Asunción de la que tuve conocimiento, no porque alguien haya dicho: “llamen a un cronista, para que dé fe de este acto”, y me hayan buscado (que saben dónde encontrarme); no así, sino de pura chiripada, gracias a mi contertulio del programa de Radio UAA Al tranco, origen, esencia, el cantautor Javier Hernández, El compadre de la sierra, quien un día comentó que en la capilla de La Congoja, en San José de Gracia, en la entrada a la Sierra Fría, iban a sustituir la antigua imagen de la Virgen de la Asunción que tenían, por una nueva, y que la ceremonia tendría lugar el mismísimo 15 de septiembre, a primeras horas de la tarde.

Ese día Mi dulce compañía -mi esposa- y este servidor de la palabra que intento ser, nos apersonamos en La Congoja, para participar en una ceremonia que resultó excepcional; refrescante, y de la que le platicaré en la próxima entrega. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).