Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

 Algunas cosas me quedaron, no en el tintero, sino en esa oscuridad etérea, casi mágica,de un archivo informático guardado en un disco duro de computadora, a propósito de lo que escribí cuando ocurrió el centenario de la imagen de Nuestra Señora de Aguascalientes -octubre diciembre de 2019-.Quiero ahora dar a luz (la que ilumina sus ojos, estimado lector que me distingue con su atención) estas líneas, aprovechando la próxima festividad patronal del Aguascalientes católico -ahora hay que ser específicos en este tipo de cuestiones-, la más extraña de que se tenga memoria, y tal vez la más triste, contaminada con las perturbaciones coronavíricas que padecemos.

Como seguramente recordará, uno de los aspectos de la conmemoración de la joven centenaria en 2019, consistió en la veneración de una imagen que fue esculpida exprofeso entre agosto y septiembre de 2018, y que realizó una gira por todas las parroquias de la diócesis para concluir en catedral el 15 de agosto del año pasado. Para el efecto se elaboró un documento que se denominó Subsidios, en el que se indicaba como se debía proceder con la imagen, a su llegada, en su estancia, la despedida, su traslado, el tratamiento que debía recibir, etc.

Por ejemplo, se decían cosas como la siguiente: “al encontrarnos ante la bendita imagen de Nuestra Señora, podremos ganar la indulgencia plenaria, es decir, “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia” (Catecismo de la Iglesia Católica 1471). De modo que, si el Señor nos llamara a su presencia después de ganar la indulgencia, podríamos alcanzar directamente el Reino celestial, sin necesidad de purgatorio. Esta indulgencia también se puede aplicar por algún difunto, para que goce del descanso eterno en compañía de los santos. “Y pensar que cuando trajeron la imagen a mi parroquia, yo más bien me dediqué a fotografiarla”…

Por cierto que la idea original del obispo diocesano era sacar la escultura venida de Cataluña para que realizara la visita. Sin embargo se trataba de una ocurrencia, otra… Digo, no esto de la indulgencia, que yo ahí sí no me meto, sino la decisión de sacarla de catedral; otra puntada -vivimos en una época en que las determinaciones se toman a punta de puntadas, porque a alguien se le ocurrió, en este caso al vescovo-, porque a final de cuentas llevar a cabo semejante resolución pondría en riesgo la integridad de la imagen centenaria; un despropósito. Por fortuna a final de cuentas privó la cordura y no fue la original la que salió de visita parroquial, sino una reproducción. El hecho es que la cúspide de la jerarquía diocesana -iba a escribir curia, pero creo que el término sólo se aplica a la romana- se opuso de manera terminante.

Por cierto que esta información procede de abajo; de las bases, es decir, que no puedo darla por cierta porque no me consta, y así se lo informo a usted, verídico lector, para que no me crea a pie juntillas, o en todo caso para que me crea bajo su propio riesgo. Aunque también debo decir que desde mi inútil opinión, mi fuente me parece incuestionable, por lo que yo sí lo creo.

Dijo mi Garganta Profunda que el 15 de agosto de 2018, cuando el obispo leyó el decreto del año jubilar en la misa de las 10.a.m., pidió que repicaran las campanas de catedral, pero esto no ocurrió. Supongo que esta disposición habría sido dada en corto a quien correspondiera, para los efectos a que hubiera lugar, antes del inicio de la celebración, pero el hecho es que cuando el de Pegueros concluyó la lectura, dijo urbi et orbi: “se supone que aquí suenan las campanas”, y no, no sonaron. Lo que sonó, y fuerte, fue un silencio expectante; embarazoso, hasta que los bronces rasgaron el aire, y sólo entonces continuó con la ceremonia.

Ahora viene lo bueno, porque luego, en la misa de seis de ese mismo 15 de agosto, volvió a leer el decreto, el asunto de la salida de la imagen centenaria, y al final habría dicho: “falta que el Cabildo me autorice”, y como ahí estaban de cuerpo y espíritu presente los integrantes de la corporación, con la cabeza le dijeron que no. Pero como “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde arrebata”, el alteño se volvió a la feligresía en pleno y dijo, palabras más, palabras menos: “ellos dicen que no, pero, ¿qué dicen ustedes?” Y entonces los ustedes, con esa enorme ilustración que los caracteriza; con ese profundo conocimiento de los principios de la fe, la historia de la Iglesia y, sobre todo, la conservación y cuidado del arte sacro, contestaron como una sola ove… Perdón: contestaron como un solo hombre que sí. Finalmente les pidió que levantaran la mano, cosa que hicieron cual borregos que siguen a su pastor.

Otra opción era llevar a las parroquias diocesanas la denominada Virgen Peregrina, o Viajera, que es la que desfila al final de la romería, aunque ciertamente tampoco es una jovencita, dado que se estrenó hace 62 años, en el desfile de 1957. Pero no, porque el peguereño estaba armado a que fuera la del altar.Entonces, una solución “ni tú ni yo” fue mandar hacer una copia lo más fiel posible. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).