Carlos Reyes Sahagún /  Cronista del municipio de Aguascalientes

Recupero el tema que he venido tratando en las últimas semanas sobre el centenario de la imagen de la Virgen de la Asunción, que se cumplió en 2019. Termino ahora con la entrevista que le hice al maestro restaurador Víctor Gasca Arias, en la que hablamos sobre un tema que me parece de lo más interesante: la restauración de imágenes, siempre en función de la que preside desde el altar mayor de catedral.

Un tema a tratar fue el de los errores que se cometen a la hora de intervenir una imagen que el tiempo vuelve antigua; achacosa, y que por eso mismo requiere de cuidados especiales, que no siempre son los más adecuados, ya sea por falta de conocimiento e incluso de presupuesto. Por ejemplo, me decía Gasca que suele ocurrir que a una imagen “en lugar de meterle oro en hoja le metieron pintura dorada. Le cambiaron de color los cabellos, la posición de las cejas… Es común en la restauración. Hay una diferencia entre ser cocreador y ser restaurador.”

Para el caso de la estatua de Nuestra Señora de Aguascalientes, Gasca señaló que “aquí yo no voy a crear nada. Tengo que seguir lo establecido y devolverle su belleza, su originalidad, no cocrear. ¡Ah, pues a mí me gustaría!…. No, ya no respetan volumen, traza, materiales constructivos originales, nada. Ya no lo hacen, ya lo que están haciendo es por su gusto y a su gusto.

“Yo creo que para apreciar lo que tenemos en un templo, en una iglesia de este tipo, lo primero en que debemos apoyarnos es en el sentido común. Dudo mucho… Porque en Aguascalientes hay mucho conocimiento, hay mucho celo, tanto de lo feo como de lo artístico, dudo mucho que se atrevieran a comprar cosas chafas. No hay forma; hay algunas ocasiones en que sí, algún sacerdote, con ese ánimo de decir… ¡Ah, mira, me encontré esto que está hermoso!…. Y va pa’tras.

“Entonces, esta es una de las cosas que tiene la catedral. Siguiendo un sentido lógico, un sentido común, nada de lo que está aquí puede decirse que no vale la pena, y aquellas intervenciones que se han hecho, pues no obedecieron a un criterio de intervención demasiado cercano; ortodoxo, por ejemplo con estos ángeles”, dice señalando los ceroferarios, estas figuras de ángeles que portan lámparas, que están en los costados del presbiterio. “Ahí es donde empiezan a cambiar las cosas. No pues es que nos dijeron las autoridades que quitáramos esos colores. Oye: pero si autorizaste todos los cambios cromáticos, ¿por qué haces eso? Esas ganas que tienen a veces, pero sin razones. A veces no tienen conocimiento, y sin embargo ¡ah cómo…!”

Aquí termina la entrevista con el maestro restaurador de la imagen de Nuestra Señora de Aguascalientes, Víctor Gasca Arias, de San Luis Potosí, una conversación que no me habría sido posible sostener sin la colaboración del custodio de la catedral, el canónigo Raúl Sosa Palos, a quien de esta muy alta tribuna agradezco el gesto.

-0-

Cambio de tema pero sigo con lo mismo, y ahora voy con mi resto sobre las actividades por el centenario de la llegada a Aguascalientes de la magna escultura. Como se recordará, el obispo José María de la Torre tuvo la idea de sacar de catedral esta imagen que, según me informó Gasca, pesa unos 250 kilogramos. El planteamiento era, por decir lo menos, un despropósito; una puntada, dado el riesgo que la medida entrañaba para la integridad de la pieza. La propuesta, si mi fuente es certera, se hizo en el contexto de una de las misas del quincenario de 2018, y en un gesto del más rancio populismo, el pastor habría pedido al respetable una votación a mano alzada, que desde luego le fue favorable. ¿Quién de entre quienes asisten a la catedral, a los actos litúrgicos del quincenario, o a cualquier otro evento, va a decirle que no al obispo; quién? Pero sí hubo quien se opuso, y al parecer resultó más que suficiente para evitar el desaguisado: el cabildo catedralicio.

Entonces, y en vista del éxito obtenido, el obispo ordenó la construcción de una réplica, para que anduviera de parroquia en parroquia todo un año, hasta prácticamente el aniversario centenario de la llegada de la imagen a Aguascalientes. Gracias a eso tuve la oportunidad de verla en mi parroquia; de verla y fotografiarla. Ocurrió el domingo 23 de junio de 2019, antes de la misa de las 17.30 h. Una semana antes, el sacerdote anunció el fasto, así que fui preparado. Me llevé mi trípode para el efecto de hacer algunas tomas de larga exposición, buscando imágenes nítidas y bien iluminadas, esto porque invariablemente el flash distorsiona el resultado. En esas estaba cuando se me acercó una mujer de esas que nunca faltan en los templos, una mujer que, según observé, actuaba como sacristana. Es una mujer mayor, de pelo corto, extremadamente seria, aunque la he visto sonreír cuando recoge la limosna. Se me acercó y, con toda la autoridad que le venía de la sacristía, me preguntó que de donde venía. Vaya fastidio, pensé viéndola venir; “¡qué flojera, de verdad!” Digo, viendo venir la bronca. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).