RENÉ URRUTIA DE LA VEGA

En estos días, una vez más, hemos estado hablando mucho en redes sociales y en nuestros círculos cercanos acerca de un acontecimiento en el que ha perdido la vida una mujer muy joven en circunstancias muy cuestionables, pero sobre todo, en un contexto contaminado por las opiniones y comentarios que se vierten indiscriminadamente, como siempre ocurre, en las redes sociales y en los medios de comunicación masiva. No es necesario ni sirve absolutamente de nada individualizar con nombres y datos el caso del que hablamos, por la sencilla razón de que es uno de tantos y porque es uno que se ha mediatizado, pero que representa miles que ocurren cotidianamente.

Inicio con este comentario porque precisamente pretendo hacer notar cómo, ante la ausencia de un sistema de justicia que funcione verdaderamente como tal, es que se generan una serie de errores, inconsistencias, actuaciones deficientes y hasta declaraciones incorrectas y desafortunadas que convergen y plantean un ambiente totalmente adverso y nada propicio para generar opciones; por el contrario, todo ello únicamente sirve para seguir enturbiándolo todo, hacer cada vez más intensa la polarización de ideas y descomponer más lo que, ya de por sí, se encuentra avanzadamente descompuesto.

Es aquí donde quiero hablarles de todo lo que podría mejorar si tuviéramos un Sistema de Justicia Penal que funcione, para lo cual, evidentemente, primero tenemos que determinar de manera clara qué es lo que podemos o debemos entender por Sistema de Justicia Penal, sin lo cual difícilmente podríamos avanzar en nuestra reflexión; pues bien, tal como su nombre lo sugiere, ante todo debemos dejar claro que es algo que está compuesto por varias partes o piezas y que todas ellas deben funcionar como un sistema y, por sistema, debemos entender, de acuerdo con la Real Academia Española, un “conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto”, de manera entonces que debe haber una relación entre cada una de esas cosas o partes que no funcionan por separado (mucha atención en esto: no funcionan por separado) y que, además, en esa relación debe de haber orden, que es un elemento importantísimo e indispensable del adecuado funcionamiento sistemático, pero que, por otro lado, todas esas partes contribuyen a la obtención de algo, de un objeto o propósito que debe estar previa y perfectamente definido.

Dicho lo anterior y habiendo dejado claras estas ideas de lo que debemos entender por sistema, hagamos entonces referencia a nuestro concepto, Sistema de Justicia Penal, para establecer que las partes o cosas que lo integran son todas y cada una de las instituciones que tienen a su cargo o bajo su responsabilidad alguna de las funciones vinculadas con la justicia penal, lo cual abarca desde la prevención del delito y la política criminal, pasando por la seguridad pública o ciudadana, la investigación de los delitos o procuración de justicia, la impartición o administración de justicia y finalmente, la no menos importante función de ejecutar las penas y medidas de seguridad.

Estas instituciones encargadas de llevar a cabo las funciones relacionadas con cada uno de los temas apuntados anteriormente deben, en primer lugar, cumplir con su cometido y desarrollar esa función de manera correcta para que se cumplan los objetivos particulares, para lo cual, en principio de cuentas, deben de fortalecerse como instituciones, consolidar su normatividad interna y generar los protocolos, procesos, procedimientos y todo aquello que garantice que las funciones se cumplan y se obtengan los resultados a que se encuentran obligadas, con independencia de los individuos o personas que dirijan o formen parte de la plantilla que las integra, esto es sumamente importante, las instituciones no pueden seguir dependiendo en su totalidad de las personas y sus intereses personales, por el contrario, las personas únicamente deben llevar a cabo aquello que previamente está establecido para que los objetivos se cumplan y hacerlo siempre con la mayor responsabilidad y compromiso en forma colectiva.

Una vez que cada una de esas instituciones se han fortalecido internamente y funcionan adecuadamente generando un resultado, lo que sigue es fortalecer los vínculos y relaciones que existen con el resto de las instituciones que integran el sistema, de manera que, ordenadamente, se establezcan y materialicen esos vínculos que eslabonan su actuación, sin que exista la posibilidad de que alguna de ellas considere que su función es independiente o aislada y que con ello es suficiente para obtener el resultado, puesto que el objeto del sistema es uno solo y únicamente se puede alcanzar si todas las partes que lo integran aportan lo que les corresponde y lo hacen bien, algo que debería ser muy sencillo, pero que en la realidad no está ocurriendo, no tenemos instituciones fortalecidas, pero tampoco coordinadas y mucho menos enfocadas con un mismo propósito, al menos no suficientemente.

Pues bien, desde mi punto de vista, todo lo que vemos que ocurre y que ahora podemos ejemplificar en los yerros, omisiones e incluso aberraciones que ocurren ante un acontecimiento como la desaparición de una mujer y su posterior hallazgo sin vida en condiciones sumamente cuestionables por la falta de eficiencia en la búsqueda, en la coordinación, en la aplicación de protocolos de atención e investigación y en la ausencia de sensibilidad en el trato a las víctimas, todo ello no es sino el resultado –o quizá debiera decir, la falta de resultado– del inadecuado funcionamiento del sistema de justicia penal porque no funcionan sus partes, ni en lo individual y mucho menos en lo colectivo, en esa relación ordenada que debe existir para que se logre un objetivo. Si esto ocurre a nivel local, ya ni hablar de lo que ocurre cuando ese sistema debe funcionar entre distintos niveles de Gobierno.

Pero también una vez más, la buena noticia es que eso se puede lograr si todos empezamos a hacer la parte que nos corresponde para lograrlo, ese pudiera (debiera) ser el primer objetivo.

rurrutiav@urrutiaconsulting.com.mx

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