Noé García Gómez

El término hubris proviene de los griegos, que utilizaban la palabra para definir al héroe que lograba la gloria, esa gloria lo llevaba a un estado de embriagues por el éxito logrado y se empezaba a comportar como un Dios, capaz de cualquier cosa. Este sentimiento le llevaba a cometer un error tras otro; como castigo al ‘Hubris’ está la ‘Nemesis’, que devuelve a la persona a la realidad a través de un fracaso.

En el año 2008 un médico británico dedicado a la política, Lord David Owen publicó un interesante estudio de seis años del cerebro de los líderes políticos, titulado “En el poder y en la enfermedad”. En esa obra, no solo describe algunas de las enfermedades físicas sufridas por varios presidentes a través de la historia, sino también hace una descripción del perfil psicológico de esos mandatarios al que se le llama Síndrome de hubris o enfermedad por el poder.

Owen establece que una común detonante en los políticos es que la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren de este síndrome creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites.

Isabel F. Lantigua en la sección de Salud del periódico español El País describe los pasos que algunos psiquiatras coinciden en las siguientes reglas;

  1. a) Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de dudasobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta siente éxito en lo sexual y afectivo.
  2. b) Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en megalomanía, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible, es entonces cuando los políticos comienzan a realizar planes estratégicos para largo plazo, como si ellos fueran a estar todo ese tiempo, a hacer obras faraónicas o a dar conferencias de un tema que desconocen.
  3. c) Tras un tiempo en el poder, los afectados por el ‘Hubris’ padecen lo que psicopatológicamente se llama ‘desarrollo paranoide’. Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese del puesto o la pérdida de una elección que directamente le afecte donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende.

Personajes como Stalin, Franco y Hitler son unos ejemplos históricos, en Venezuela tienen botones de muestra como el fallecido Hugo Chávez y ahora el presidente Maduro ¿políticos actuales en nuestro país enfermos? Usted juzgue sus personalidades y tendrá la respuesta, me atrevo a decir que la tiene el 90% de la clase política mexicana, Owen dice que dicha condición no es privativa de grandes personajes con puestos de primer nivel, sino que se da en todos los niveles de la política con las mismas implicaciones.

La revista Foreign Affairs recomienda que el libro de Owen deba ser leído por todos los médicos que cuidan la salud de los políticos y por los propios líderes también. En estos tiempos en donde la clase política mexicana se siente en una especie de “Olimpo” alejado de toda realidad, sería pertinente que los médicos que tratan a dichos políticos les regalaran un ejemplar para ver si así los logran ubicar un poco en la realidad y que la sociedad en general no siga padeciendo las consecuencias.