Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Las autoridades educativas, los directivos escolares y los propios maestros de las escuelas oficiales básicas, han reconocido que la pandemia afectó los aprendizajes de los alumnos, a pesar de los esfuerzos realizados en la atención de los alumnos, desde sus hogares, mediante los aparatos de televisión, las computadoras, las tabletas y los celulares. En cambio, los colegios particulares manifiestan no tener rezagos preocupantes por el confinamiento.

¿Por qué la pandemia sí afectó a las escuelas oficiales y no así a los colegios particulares? Entre otras, por dos razones principales: mientras los alumnos de las escuelas oficiales, en su inmensa mayoría, carecen de dispositivos electrónicos, los alumnos de los colegios particulares sí cuentan con la tecnología para sus estudios a distancia. Por otra parte, los maestros de los colegios están capacitados y, básicamente, ya tienen la cultura de trabajar con los estudiantes utilizando las herramientas electrónicas de manera cotidiana. En tanto que los docentes de las escuelas oficiales, en gran número, no tienen la capacitación para conducir la enseñanza a distancia.

Cuando se dio la indicación a los estudiantes, al inicio de la pandemia, de no asistir a la escuela para evitar contagios del coronavirus; los colegios particulares de inmediato hicieron funcionar sus plataformas y sus maestros atendieron a distancia, a los alumnos, como usualmente lo hacen; de manera que no tuvieron contratiempos para seguir desarrollando los programas de estudio, como tampoco tuvieron problemas para evaluar y verificar avances en los aprendizajes de los educandos. El hecho de contar con plataformas y que los alumnos tuvieran sus herramientas electrónicas facilitó la continuidad de estudios en los colegios, evitando, de esta forma rezagos. En cambio, las escuelas oficiales, al inicio del confinamiento, estaban desorientadas para darle continuidad a la enseñanza: unos alumnos atendían las clases en televisión, pero pronto se aburrían por falta de interacción; otros (pocos por cierto) intentaban comunicarse mediante internet; muchos lo hacían a través de celulares y no pocos carecían y aún carecen de apoyos tecnológicos. Lo que, en conjunto, generó un rezago educativo que hasta la fecha no se ha podido precisar la magnitud del deterioro en los aprendizajes.

Lo que sí afectó a los colegios fueron las bajas de alumnos, no por falta de atención en el proceso educacional, sino porque muchos padres de familia consideraron que al pasar a sus hijos a las escuelas oficiales, éstos seguirían siendo atendidos a distancia como en los colegios, librándose de pagar la colegiatura. Estos padres de familia pronto se dieron cuenta que la atención no era igual, por las carencias electrónicas en las escuelas oficiales. Sin embargo, muchos alumnos no regresaron a los colegios, afectando a varios de sus docentes.

Con el fin de subsanar el rezago educativo, las escuelas oficiales tuvieron los meses de septiembre, octubre y parte de noviembre, del presente ciclo escolar, para tal propósito; y a finales de noviembre, los docentes hicieron la evaluación pare verificar el nivel de recuperación académica de los educandos. La mayoría de las maestras y maestros no se dicen totalmente satisfechos con los avances logrados; porque aún quedan aprendizajes por superar conforme lo establecido en los programas de estudio. Los colegios, en cambio, no tienen preocupaciones del rezago, por lo que a partir de septiembre pasado iniciaron, formalmente, el desarrollo de los programas de estudio del ciclo escolar 2021 – 2022. La ventaja de contar con los medios electrónicos necesarios para los estudios.

¿Habrá el propósito de equipar a las escuelas oficiales de la tecnología que se requiere, en los tiempos actuales, para el apoyo en los estudios?, ¿habrá el compromiso de apoyar a los estudiantes más necesitados con los equipos electrónicos indispensables para sus estudios?, ¿habrá recursos para las escuelas y estudiantes en condiciones de pobreza?, ¿será prioritaria la educación?

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