Víctor Hugo Granados Zapata

Aproximadamente 25 millones de libros de texto gratuitos distribuye la SEP año con año, ya que son vitales para la formación de millones de estudiantes en todo el país. Con el cambio al modelo de educación a distancia, muchos de los contenidos que tenía este material debían adaptarse a las nuevas dinámicas enfocadas en aprendizajes autodidactas, o bien, homologados a las clases que se transmitían a través del programa de “Aprende en Casa”, por lo que diferentes convocatorias fueron presentadas para los nuevos diseños que tendrían estos nuevos textos, así como también las modificaciones a las ilustraciones que contendrían dichos libros, pero ¿qué sucedió con los cambios? ¿Se lograron adaptar las adecuaciones necesarias? ¿Qué pasó con las convocatorias para los ilustradores?

Comenzando de abajo hacia arriba, la convocatoria para las ilustraciones de los libros de texto se lanzó a inicios de este año hasta el 4 de abril, en la que participaron cientos de ilustradores gráficos de todo el país. Sin embargo, este año las colaboraciones no se iban a pagar puesto que no se tenían los recursos suficientes para hacerlo, pero se les otorgaría un reconocimiento con validez oficial de su trabajo y una copia del ejemplar en el que colaboraron. En otras palabras, debían diseñar un libro de texto para educación básica, con los nuevos contenidos en menos de cuatro meses y sin recibir un solo centavo por su trabajo. Lo anterior (obviamente) molestó mucho a los aspirantes, no sólo por el descaro de la SEP (en específico de la Dirección de Material Educativo) en ofrecer una convocatoria de esa manera, sino por la presión extra que conllevaría la participación en dicho programa y que se les pagara con “reconocimiento y promoción”.

Múltiples asociaciones de ilustradores como la Asociación Mexicana de Ilustradores y la asociación “Encuadre” (Asociación Mexicana de Escuelas de Diseño Gráfico) se oponían totalmente a dicha convocatoria, señalando que la petición del Gobierno Federal era totalmente injusta y que le restaba valor al trabajo de las y los diseñadores gráficos de todo el país, generando tendencia a través de redes sociales con el hashtag #NoVivimosDeAplauso. Un reportaje de Nayeli Roldán, periodista de Animal Político, señaló que el presupuesto de la Dirección de Materiales Educativos ha estado bajando desde el año 2014 hasta la fecha, pasando de 216 millones de pesos en 2020 a 204 millones de pesos para 2021, restándole 74 millones para el pago de salarios y otros 129 millones para el gasto operativo de la dirección (dejando aproximadamente 1 millón de pesos para programas en todo el año). Aquí podemos apreciar uno de los efectos nocivos de los recortes al sector educativo, así como el resultado de direccionar erróneamente el gasto público. ¿A la Cámara de Diputados no le interesa la calidad de los libros de texto? ¿Es más importante invertir presupuesto en estadios de beisbol?

Por si lo anterior no fuese suficientemente grave, recientemente se dio a conocer la situación de los nuevos libros de texto para el próximo ciclo escolar, con una desagradable sorpresa. El pasado domingo 18 de julio, informó la Subsecretaría de Educación Básica que de los 18 libros de texto que se iban a modificar solamente se aprobaron 2. El titular de la DME, Marx Arriaga, no solamente quedó muy mal con su cometido, sino que demostraron una total incapacidad de operar una estrategia para la mejora de los libros de texto gratuitos, o como señalaría el periódico Reforma “Los Reprobaron”, puesto que dentro del reportaje realizado por este mismo periódico, la experta en pedagogía Carolina Irene Crowley advierte que los libros de la materia “Lengua Materna y Español” para tercer grado de primaria cuentan con errores desde la primera página, ya que éstos tienen un lenguaje poco didáctico y parece dirigido a docentes (subtítulos con palabras como “TIC”, “Secciones Flotantes”, etc.). Esto es muy grave, en primer lugar, porque estamos atravesando una crisis educativa bastante complicada y, segundo, si las y los alumnos deciden optar por continuar su aprendizaje en casa, sus libros de texto estarían mal diseñados, lo cual tendría un efecto negativo en su aprendizaje.

La SEP debe, forzosamente, intervenir en este tema tan serio, puesto que en estos tiempos los libros de texto gratuitos son vitales para que las y los alumnos que no pueden asistir a sus escuelas de forma presencial puedan aprender desde casa. Esta incapacidad de gestión y poco interés en mejorar la calidad educativa violenta el derecho a la educación de millones de estudiantes mexicanos (más de 25 millones para ser más específicos) y lo más preocupante es que no se han tomado cartas en dicho asunto. Tenemos una administración federal más ocupada en impulsar mentiras sobre su consulta “popular” mientras la educación pública se debilita día con día. Esto es vergonzoso e indigno para cualquier administración y debe parar ya.