Itzel Vargas Rodríguez

Hoy el entorno que se vive en México tiene días cambiándome el estado de humor, podría decir que soy en persona, un cúmulo de emociones constantes que no terminan de encontrar lugar para expresarse. Creo que muchos mexicanos nos sentimos igual. Por ejemplo, decepcionados ante la clase política dispersada en el ancho y alto del país que nada pareciera tener de clase, que constantemente deja relucir sus pocas ganas de ejercerse de forma profesionalizada y responsable, llena de corrupción hasta las entrañas y delimitada en su actuar por constantes intereses personales.

Muchos medios internacionales lo han dicho: vivimos en una crisis social grave. Probablemente, una de las más fuertes en los últimos años. Una en la que la gente está llena de rabia, coraje, cansancio o indignación.

Rabia y coraje por ejemplo, ver la rueda de prensa de la PGR sobre el caso de Ayotzinapa, un ejemplo de un pésimo manejo de comunicación en tiempos de crisis. Resalta la poca sensibilidad tanto en el discurso como en las imágenes presentadas, los huecos informativos que las mismas imágenes destacaban y qué decir de las respuestas hacia los periodistas, formas cortantes y cínicas, carentes de empatía social. Aquí es muy loable y destacable, la valiente labor informativa que tanto los medios como los periodistas han hecho en todos estos días desde que desaparecieron los normalistas, y que como bien informados de los hechos, no hicieron más que trasladar las interrogantes de un pueblo que en su generalidad está muy dolido y enojado, al que, en vez de entenderlo y responder sus dudas de forma eficiente y humana, se le contestó con un arrogante “Ya me cansé”, justificando la lentitud de respuesta del gobierno ante el caso y evidenciando el notorio interés por aclarar que “se está trabajando” en los hechos, entrelíneas traducido a un “No me digan nada, yo hago mi trabajo y no tengo nada que ver en los hechos ocurridos”. No se puede tapar el sol con un dedo hablando de que éste no es un crimen de estado, porque aun cuando esta palabra no fuera la jurídicamente correcta para definirlo, en esencia implica al gobierno, sus corruptelas y nexos con el narco, y el fallo sistemático y peligroso en las instituciones encargadas de proveer seguridad social.

Cansancio de ver que la historia desde el pasado siglo en nuestro país, está cargada de casos parecidos y todos han quedado impunes. No por nada artistas como Cuarón, Del Toro o Larregui han hecho llamamientos ciudadanos al respecto, y en donde se han conmocionado hasta las lágrimas. Porque alzar la voz estos días, ya no implica cuestión de posturas ideológicas políticas o de buenos contra malos, es hablar de todo el camino que tenemos que recorrer como nación para construir el México que queremos y que sabemos que un país tan maravilloso como el nuestro es capaz de ser y merece ser además.

Es admirable lo que hasta el momento la sociedad organizada ha logrado en las marchas: concientizar a las masas, por eso es tan incomprensible que con tanto sentimiento social a flor de piel, el gobierno pareciera no entender lo que ocurre y en vez de establecer canales de comunicación basados en la empatía, solidaridad y solución, evade respuestas o contesta con exacerbado cinismo.

Esta clara crisis social está dejando relucir viejos, mañosos y asquerosos hábitos políticos, pero también está dejando sacar lo mejor de la gente que es la responsabilidad social, haciendo entender que precisamente porque no todo lo resuelve el gobierno, la misma ciudadanía debe actuar, poner entes reguladores del poder cuando éste se encuentra ya muy viciado.

Pareciera que nuestro clima social no da cabida a la tranquilidad, pero precisamente las crisis son momentos que promueven la exigencia de un cambio y es en lo que habrá que ponerse a pensar y trabajar.

Y hablando de… humanismo social, increíble admirar las enseñanzas que nos dejan los niños en situación de crisis. Anda rondando en la red un video de un niño en Siria que se hace pasar por muerto en medio de un tiroteo para salvar a una niña. Indescriptiblemente hermoso, véalo.

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