Estefania Escobar Castillo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-El secretario del Pontificio Consejo para América Latina del Vaticano, Rodrigo Guerra, señaló que el «silencio» del Papa Francisco sobre la detención del Obispo Rolando Álvarez y otros curas de Matagalpa críticos del Gobierno de Daniel Ortega «nunca es un silencio apático», pues dijo que trabaja en una operación «diplomática discreta».
«El Papa Francisco está súper enterado de todos los acontecimientos que ocurren en Nicaragua», sostuvo el filósofo mexicano al servicio del Pontífice en declaraciones al medio Aleteia.
«Un silencio papal no significa inactividad o falta de decisión, no, nada de eso; significa que se están trabajando en otros planos».
Grupos de derechos humanos denunciaron el viernes que Álvarez y otros curas que estaban con él fueron sacados «con violencia» de la Curia Episcopal de Matagalpa durante la madrugada de ese día.
El Monseñor fue puesto bajo arresto domiciliar en la casa de su familia en Managua y sus colaboradores fueron llevados a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocido como El Nuevo Chipote.
Los arrestos causaron indignación entre la comunidad eclesiástica latinoamericana, pero hasta ahora no se ha conocido de un pronunciamiento público del máximo jerarca de la Iglesia católica.
«A lo mejor el domingo (cuando presidirá el Ángelus) el Papa nos regala algún primer comentario. No me extrañaría. Pero, eso es el tema exterior. La Santa Sede principalmente trabaja en la diplomacia discreta», afirmó Guerra.
El colaborador del Vaticano indicó que la operación diplomática está en curso a través del Arzobispo de Managua y Cardenal, Leopoldo Brenes -quien también funge como vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua- y de algunas otras personas, incluido el mismo Guerra.
Destacados expertos mantienen cierto escepticismo sobre Brenes, de quien han señalado posiciones «tibias» respecto a la situación.
En declaraciones a Confidencial, el sociólogo Humberto Belli dijo que es posible que el Cardenal esté solicitando al Papa sacar del país a Álvarez, incluso con el visto bueno de Ortega.
El viernes, luego de que el Obispo fue puesto en arresto domiciliar, Brenes informó que logró conversar con Álvarez.
La abogada Martha Patricia Molina, que ha investigado ataques del régimen contra la Iglesia católica, dijo al mismo diario que es posible que la dictadura haya buscado a Brenes para pedirle al Obispo que abandone «el país por su propia voluntad».
Tanto Belli como Molina demandaron una posición enérgica de parte de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, que no se ha pronunciado sobre los hechos.