Luis Muñoz Fernández.

La premisa conservadora de que el feto es un ser humano completo y en cualquier circunstancia debe respetarse su vida lleva a la conclusión de que incluso en casos de violación o de malformaciones tendría que respetarse. Por lo anterior, no deberían aceptarse estos casos como causales permitidos por la ley; también esos casos deberían penalizarse. Por otro lado, la premisa liberal de que el derecho de la mujer debe prevalecer en cualquier circunstancia nos llevaría anegar el derecho a la vida del feto. Muchos pensamos que tiene que haber un punto medio entre ambas posturas y tratamos de colocarnos en un lugar intermedio del espectro en el que se encuentran ambos extremos.

 Gustavo Ortiz Millán. La moralidad del aborto, 2009.

 

Si partimos de la definición de persona de Peter Strawson: ser “al que podemos atribuir tanto propiedades corpóreas como estados de conciencia”, ¿cuáles son los argumentos científicos, es decir, comprobables y reproducibles, que nos permiten afirmar que el embrión-feto no es una persona? Nos lo señala el doctor Rodolfo Vázquez en su texto “Derechos de las mujeres y autonomía personal”, en el que cita a sus colegas científicos del Colegio de Bioética, A.C. Ricardo Tapia y Ruy Pérez Tamayo:

El embrión de 12 semanas no es un individuo biológico ni mucho menos una persona, porque: a) carece de vida independiente, ya que es totalmente inviable fuera del útero, al estar privado del aporte nutricional y hormonal de la mujer; b) aunque posee el genoma humano completo, considerar que por esto el embrión de 12 semanas es persona obligaría a aceptar también como persona a cualquier célula u órgano del organismo adulto, que también tienen el genoma completo, incluyendo a los tumores cancerosos. La extirpación de un órgano equivaldría entonces a matar miles de millones de personas; c) a las 12 semanas el desarrollo del cerebro está apenas en sus etapas iniciales, ya que sólo se han formado los primordios de los grupos neuronales que constituirán el diencéfalo (una parte más primitiva del interior del cerebro) y no se ha desarrollado la corteza cerebral ni se han establecido las conexiones hacia esta región, que constituye el área más evolucionada en los primates humanos. Estas conexiones, indispensables para que pueda existir la sensación de dolor, se establecen hasta las semanas 22-24 después de la fertilización; d) por lo anterior, el embrión de 12 semanas no es capaz de tener sensaciones cutáneas ni de experimentar dolor, y mucho menos de sufrir o de gozar.

Todo lo anterior, incluyendo lo ya señalado en la primera parte de este escrito, es la base que sustenta la despenalización del aborto. Así lo consideró la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, de acuerdo a lo que nos dice el doctor Gustavo Ortiz Millán en la obra que citamos en el epígrafe:

El 24 de abril de 2007 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó ciertas reformas al Código Penal local que redefinían al aborto como la interrupción del embarazo después de la duocécima semana de gestación. Es decir, hasta las primeras doce semanas, la interrupción del embarazo es legal y no se considera jurídicamente un aborto, por lo tanto, no se penaliza.

El tema ha vuelto a cobrar relevancia porque el pasado 19 de octubre de 2017, el diputado federal del Partido Acción Nacional Edmundo Javier Bolaños Aguilar presentó una iniciativa para reformar el artículo primero de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, pretendiendo con ello otorgar protección jurídica y reconocimiento como persona a un óvulo recién fertilizado. Un nuevo intento para “proteger la vida desde la concepción”, evitando así la despenalización del aborto en cualquier circunstancia, con las graves consecuencias (sanitarias y de discrimación socieconómica) a las que esto conduce. En resumen, lo propuesto por el diputado Bolaños dice así:

Iniciativa por la que se reforma, adiciona y modifica el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Artículo Único. Se reforma, adiciona y modifica el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para quedar como sigue:

Artículo 1o. …

Con respecto del párrafo anterior, en México, se reconoce que todo ser humano tiene derecho a la protección jurídica de su vida, desde el momento mismo de la concepción, hasta la muerte natural en condiciones de dignidad. (Las negritas son mías).

Y para empeorar las cosas, el Doctor en Derecho Héctor Mendoza, actual Secretario Ejecutivo del Colegio de Bioética, A.C., ha realizado con herramientas informáticas un análisis de la originalidad del texto de la iniciativa del diputado Bolaños, llegando a la conclusión que sólo un 12.28 % del texto legislativo es original, ya que la mayor parte es una copia prácticamente literal (el llamado “copy and paste” o “copiar y pegar”) de un texto publicado con anterioridad en una revista jurídica brasileña. El plagio resultante traduce oportunismo y pereza intelectual. ¿Dónde quedan los valores de cientificidad, laicidad y pluralismo democrático que son indispensables para debatir, deliberar o dialogar sobre los temas controvertidos de la bioética como el aborto?

Dadas las muchas confusiones que gravitan en torno a la interrupción voluntaria del embarazo, es importante enfatizar que despenalizar el aborto no significa promover su uso indiscriminado, como insisten de manera machacona los que militan en los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Podemos afirmar que optar por el aborto es una decisión muy difícil para la inmensa mayoría de las mujeres en este trance. Justo por ello necesitan una atención médica esmerada, tanto en el sentido físico como en el psíquico.

Despenalizar el aborto significa que, llegado el caso y bajo los plazos y/o supuestos previstos en la ley, la mujer podrá optar por abortar. Si decide abortar, podrá someterse al procedimiento en las mejores condiciones sanitarias, sin recurrir a la clandestidad para evitar la sanción penal y sin ser discriminada por razones socioeconómicas, acudiendo a un establecimiento del sistema público de salud, tal como sucede hoy en la Ciudad de México. La mujer que por razones personales (religiosas, por ejemplo) no desee someterse a un aborto, no se verá obligada a ello.

El aborto es un ejemplo del conflicto que se da entre los derechos de la mujer y los del embrión-feto (aun siendo, como hemos expuesto, asimétricos en sus derechos). También puede ejemplificar el choque entre los derechos de la mujer y los del médico que se acoge a la objeción de conciencia para no realizar el aborto al que estaría obligado por la ley.

Todo médico tiene derecho a la objeción de conciencia como una posibilidad individual (posibilidad que no puede extenderse a toda una institución), pero ese derecho tiene límites. El límite más importante es que no perjudique a la paciente al dejarla sin la atención que solicita. Deberá existir la posibilidad de reemplazar a ese médico por un colega que sí preste el servicio.

Afirmemos por último que postergar el debate público, razonado e informado sobre el aborto, como hasta ahora se ha hecho en nuestra sociedad, es una grave falta de ética que perpetúa un forma de violencia contra las mujeres. Violencia particularmente cruel e inadmisible.

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