Noé García Gómez 

En la última década ha arreciado una corriente que pretende ensalzar y revindicar a algunos personajes como Iturbide o Porfirio Díaz y  cuestionar a otros héroes históricos como a Hidalgo o Juárez.

En este artículo quisiera analizar a éste último, Benito Juárez que el pasado 18 de julio se cumplió 143 años de su muerte.

Resumo las hipótesis que sus detractores utilizan para cuestionarlo; primero que sirvió a los gringos y traicionó a la patria por el tratado por “MCLANE-OCAMPO”  que dicho sea de paso, nunca surtió efecto, ya que no fue ratificado por el Senado estadunidense;  segundo, algunos de los epítetos que los detractores de Juárez utilizan son que fue “un politiquillo ambicioso, un pésimo administrador; un gobernante radical, mentiroso, autoritario y vengativo; un personaje sin pizca de grandeza ni generosidad. Y, lo peor de todo, un traidor que entregó la patria a los yanquis, quienes lo sostuvieron en el poder.” Lo anterior se puede deducir del libro Juárez y Maximiliano de Armando Fuentes Aguirre, uno de los que encabeza esta corriente anti-juarista.

De lo anterior se puede conceder su actitud autoritaria, ¡sí! Y no solo por el número de años en el que fue presidente, sino por su carácter y decisiones, que para la coyuntura de la época se podrían justificar. Pero irónicamente los que pretenden vanagloriar a Porfirio Díaz se contradicen con Juárez, en primer lugar ambos justiciaban la prolongación de sus mandatos para consolidar el proyecto y por un “bien mayor” y segundo el mismo Díaz era un seguidor de Juárez y reconocía su obra, tan fue así que fue el propio Díaz quien mandó a construir el hemiciclo a Juárez en la Alameda de la Ciudad de México el monumento más portentoso a su figura.

Pero la realidad es que más que despreciar la figura de Juárez desprecian lo que representa el Juarismo. La instauración de la Republica, la separación de la iglesia y el estado, romper la burbuja de la elite en el poder, el derecho a la educación, la mediana austeridad del servicio público, la  instauración de un pensamiento liberal en la política nacional. Todo eso es lo que desprecian.

El historiador Pedro Salmerón lo describe “La vida de Benito Juárez es un ejemplo de lucha, constancia y perseverancia. Nacido en una comunidad rural en los últimos años del Virreinato español, Juárez desde niño tuvo que superar todas las adversidades que la vida le iba poniendo enfrente: perder a sus padres en la infancia, no hablar castellano, y tener pocas posibilidades de educarse en un México que tenía índices muy altos de analfabetismo, especialmente en las comunidades más apartadas. A pesar de ello, Juárez estudió y se superó. Fue juez, diputado, gobernador de su estado, ministro y presidente de México.” Pero como legado histórico Salmerón agrega “No podemos hablar de liberales mexicanos sin mencionar a Benito Juárez. Es principalmente reconocido en nuestra historia como el gran liberal, el reformador, el republicano. Al igual que lo mencionaba líneas arriba, yo también me inclino por verlo de esa forma.”

Carlos Monsiváis en un artículo en 2003 se pregunta ¿Qué significa desconocer, negar, odiar a Juárez? “Demasiado al mismo tiempo:- Profesar el anacronismo que es garantía de ignorancia. – Santificar el prejuicio (exigir educación religiosa en las escuelas públicas, admitir hoy a través del silencio y el desdén la persecución por motivos de creencias, etcétera). – imaginar el regreso de la sociedad a “la edad de Oro del sometimiento de la autoridad emanada de Dios”.

En síntesis aquellos que segregan, discriminan y condenan a las minorías, los que creen que México es un país de elites y castas y que “el pobre es pobre porque no quiere trabajar” es normalmente el anti juarista, consciente o inconsciente.

Pero también se condena que una corriente como el López Obradorismo quiera adjudicarse dicha figura, como fue el PRI con zapata o el PAN con Madero, hoy el Presidente y su partido quieren monopolizar más que el legado de Juárez su figura y su símbolo. Tal vez eso es lo que motiva a sus detractores a arreciar y buscar seguidores.

Hoy a finales de la segunda década del nuevo milenio, ser juarista escasea, no cualquiera, y no digo llenarse la boca con su nombre, sino adoptar sus principios e ideales como conducción política.