Ser estudiante siempre ha sido un desafío dinámico y nebuloso. Más allá de sacar buenas notas en los exámenes, es adentrarse al cambio continuo, al pensamiento crítico que eventualmente traerá consigo las aportaciones que son el motor de avance en nuestra sociedad. Por ello, en esta ocasión decidí abordar mi reflexión sobre el Día del Estudiante, que se celebró el pasado jueves 23 de mayo, alejado del contraste político actual (que nos tiene a muchos fastidiados) y centrarme en circunstancias reales y tangibles que vivimos la mayoría de las y los estudiantes.

Todas y todos, desde nuestro primer contacto con las aulas hasta los exámenes de admisión a la universidad, se nos planteó un objetivo a alcanzar: “quiero estudiar para ser ingeniero/doctor/abogado/etc.” y con el paso de los niveles académicos, esta ilusión que nos acompañaba comenzó a hacerse cada vez más tenue hasta alcanzar el objetivo, o bien, cuando alguna circunstancia o cambio de planes nos orilló a panoramas distintos y esa ilusión se fue alejando cada vez más. Esto se da porque conforme crecemos nos damos cuenta de que nuestro contexto en general, las oportunidades, privilegios y escenarios nos pueden llegar a rebasar. Desde la dificultad de poder afrontar económicamente nuestros estudios, padecer alguna enfermedad o condición física que nos obstaculice el continuar en la escuela, circunstancias familiares e incluso por la propia decepción y la falta de apoyo psicopedagógico/emocional empujan a las y los alumnos a salir del sistema educativo. Lo anterior, sin contar con la presión y exigencias actuales que nos rodean, no solo para aplicar a escuelas o universidades competitivas, sino por la expectativa profesional y la alta profesionalización que uno debe alcanzar. Ser estudiante jamás ha sido fácil, pero conforme pasa el tiempo se vuelve aún más complicado. Y sí, hay personas que suelen decir que estudiar es sencillo o que solo implica ser dedicado y constante, pero no toman en cuenta todo lo anterior y el peso que conlleva (en particular, el deterioro a la salud mental). Ser estudiante significa no darse por vencido y buscar un mejor futuro.

Por ello, quisiera felicitar a las y los estudiantes que a pesar de estas dificultades aún persisten y siguen adelante con sus estudios. A cada alumna y alumno que trabaja para pagar sus estudios y sigue adelante, a quienes a pesar de su condición física en particular no abandonan su formación, a quienes no permitieron que su contexto familiar fuera determinante para dejar sus estudios (con el enorme sacrificio que ello implica), a quienes a pesar de que les obligaron a estudiar una carrera que no querían optaron por estudiar otra que sí les llenara, a quienes a pesar de no haber cumplido con las expectativas de una institución no cedieron y volvieron a empezar en otro lugar. Y en particular, quisiera felicitar a las y los estudiantes que salen a buscar la representación estudiantil, que toman la tribuna y expresan sus ideas; aquellos que no siguen las mismas prácticas políticas para crecer profesionalmente y que deciden trabajar en función de mejorar su entorno. Porque en un contexto donde quien hace política es reprobado socialmente, querer promover una idea en común y salir a obtener la confianza de la gente es un acto de enorme valentía y de esperanza; y en el mismo sentido, aquellas y aquellos estudiantes que salen a tomar las calles en señal de protesta son el corazón de la progresividad, de la revolución, de la lucha contra la opresión y de la defensa de los derechos de sus compañeras y compañeros.

            Finalmente, debemos entender que la educación como tal es un proceso que dura toda la vida ya que constantemente estamos aprendiendo y reinventándonos. Sin embargo, ser estudiante significa no darse por vencido y salir adelante. Es en este punto donde aquella esperanza con la que iniciamos nuestra trayectoria formativa se transforma en fuerza para alcanzar un mejor porvenir. En se tenor, quisiera concluir esta reflexión con la siguiente cita de la canción “Derecho de Nacimiento” de Natalia Lafourcade:

“Voy a elevar mi canto para hacerlos despertar a los que van dormidos por la vida sin querer mirar. Para que el río no lleve sangre, lleve flores y el mal sanar; para el espíritu elevar y dejarlo vivir en paz.

Yo no nací sin causa, yo no nací sin fe. Mi corazón pega fuerte para gritar a los que no sienten y así perseguir a la felicidad.”

¡Que viva la educación pública y que vivan los estudiantes!

PD: Y para quienes estudian, egresaron o laboran en la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, que siga ardiendo la llama en nuestros corazones, sigamos esparciendo luz. Se lumen profere.