Durante la misa dominical en la Catedral Basílica, el obispo Juan Espinoza Jiménez exhortó a los fieles a no temer ser profetas en un mundo que enfrenta una descristianización progresiva.
El líder religioso reconoció el dolor de muchos padres ante la incredulidad y rechazo de la fe por parte de sus hijos, pero recordó que «nadie es profeta en su tierra», tal como lo experimentó Jesús. Animó a los fieles a seguir hablando de Dios, incluso ante el rechazo.
En su homilía, el prelado cuestionó si los creyentes están colaborando pasivamente con el silenciamiento del mensaje del Evangelio. «¿Sirve de algo ser cristiano y no manifestarlo?», preguntó retóricamente. Instó a la comunidad a seguir siendo profetas en una sociedad que intenta imponer falsas verdades y atropellar la dignidad humana.
El pastor de la diócesis resaltó la importancia de ser testigos de Cristo, quien dio vida donde había muerte y alegría donde imperaba la tristeza. «Si las palabras callan, ¿quién las pronunciará? Si las obras son mínimas, ¿quién descubrirá el rostro amoroso del Padre?», inquirió. Alentó a los fieles a no temer expresar su fe con palabras y, sobre todo, con buenas obras.
Luego reflexionó sobre la figura del profeta, describiéndolo como alguien elegido por Dios para pronunciar su Palabra y llevar buenas noticias a un pueblo cansado de malas noticias. Señaló que un verdadero profeta habla con autoridad y sin estar sometido a intereses egoístas o partidistas, lo que a menudo causa incomodidad entre aquellos que buscan defender sus propios intereses.
Pidió a los padres de familia y a los jóvenes ser profetas, ir contra corriente y hablar alto y claro. «El profeta dice las verdades que duelen, porque el objetivo es levantarse y seguir el ejemplo de Jesús, el Salvador, que es amor y vida», concluyó.