Eugenio Pérez Molphe Balch

Las plantas son seres con los que siempre hemos compartido el planeta. Sabemos que están vivas porque nacen, crecen, se multiplican y mueren, como nosotros. Sin embargo, las sentimos lejanas debido a que su forma de vida es diferente a la nuestra. Sabemos que dependemos en gran medida de las plantas. Obtenemos de ellas todo nuestro alimento, lo que comemos son plantas o productos de animales que se alimentan de ellas. Lo único que consumimos que no viene directa o indirectamente de las plantas es la sal con la que condimentamos nuestros alimentos. De las plantas obtenemos también medicinas y materias primas de diversa índole. Sin embargo, nuestra deuda con las plantas es aún más profunda.

Hubo un evento que fue protagonizado por las plantas, o mejor dicho por sus antepasados, gracias al cual nosotros aparecimos en el planeta. La Tierra se originó hace aproximadamente 4 mil 500 millones de años, y la vida apareció hace alrededor de 3 mil 800 millones de años. En ese entonces los seres vivos eran muy diferentes a los que ahora conocemos. Eran microscópicos y muy sencillos, como las bacterias de hoy. Entonces la atmósfera de la Tierra era muy diferente, estaba formada por nitrógeno, agua, y otros gases. No había oxígeno, que es un elemento fundamental para la vida como la conocemos ahora. Sin embargo, hace alrededor de 3 mil millones de años surgieron los antepasados lejanos de las plantas actuales (llamados cianobacterias). Éstas desarrollaron un proceso que les hizo posible utilizar la luz del Sol para generar la energía y las moléculas orgánicas que requerían para construir sus cuerpos. Este proceso se llama fotosíntesis, y lo siguen realizando actualmente las plantas. De la fotosíntesis provienen directa o indirectamente todas las moléculas que constituyen a los seres vivos, incluyéndonos a nosotros. La fotosíntesis produce oxígeno como producto de desecho. Por lo tanto, al aparecer los primeros organismos fotosintéticos la atmósfera de la tierra fue acumulando oxígeno. Este proceso fue muy lento, pero hace aproximadamente 2 mil millones de años el oxígeno ya acumulado hizo posible la aparición de otro tipo de organismos vivos, mucho más complejos y formados ya por miles o millones de células trabajando de manera coordinada. De este linaje de organismos surgimos nosotros, y todos los demás seres complejos con los que compartimos el planeta. Gracias a este gran cambio, que generaron los antepasados primitivos de las plantas, y ahora mantienen las plantas mismas, es que la tierra es hoy un planeta pletórico de vida. Así que no sólo le debemos a las plantas los alimentos que consumimos y otras cosas, en realidad a ellas debemos nuestra existencia misma. Quizá algún día, lejano para nosotros, pero muy cercano en la escala de tiempo en el que ocurre la evolución, estas mismas plantas nos permitan crear en planetas diferentes a la Tierra las condiciones necesarias para la vida humana, y de esta manera podamos cumplir nuestro destino más allá de este nuestro amado, y no siempre bien tratado, planeta Tierra.