Ricardo Vargas

Esta semana se aprobó finalmente el nuevo Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC por sus siglas en español), que surgió ideológicamente desde la campaña presidencial de Donald Trump en 2016. Después de varias jornadas de negociaciones, y luego de que en su último día como presidente de México, Enrique Peña Nieto firmara un acuerdo preliminar, hasta esta semana entró en vigor formalmente el nuevo T-MEC. De manera general, se mantiene la estructura del antiguo TLCAN y seguimos teniendo una acuerdo comercial robusto entre los tres países, pero ahora se adicionan capítulos que no estaban contemplados en el acuerdo anterior, y se modificaron reglas en el tema laboral.

En lo general, el nuevo acuerdo representa mejores oportunidades para los tres países, pues busca igualar condiciones entre las naciones y evitar concentraciones de beneficios en sectores específcos. En el tema laboral, por ejemplo, Estados Unidos y Canadá pelearon siempre por un incremento salarial en México, pues los bajos salarios en nuestro país representaban una ventaja competitiva importante frente a dichos países. Esto hacía que gran parte de armadoras y ensambladoras de piezas y vehículos automotrices se establecieran en nuestro país. Veremos en este punto dos consecuencias; la primera es que los salarios manufactureros en nuestro país deberán aumentar para poder ser candidatos a recibir inversión extranjera directa que competa directamente el tratado comercial. Por el otro lado, hay un efecto que podría volverse regresivo pues al tener que pagar mayores salarios, las ensambladoras y armadoras buscarán una mano de obra más capacitada, lo que en un escenario pesimista llevaría a que gran parte de la mano de obra empleada actualmente cediera su lugar a mano de obra más capacitada. En cuanto a los capítulos nuevos que fueron incorporados al tratado, la nueva regulación se centra principalmente en comercio digital y protección al medio ambiente.

En fin, tenemos ya vigente la nueva versión de lo que representa el mayor y más importante acuerdo comercial de nuestro país, y que ha impulsado indudablemente el crecimiento económico nacional desde su entrada en vigor al inicio de la década de los noventa. Hay algo que, aunque pudiera parecer minúsculo, me resulta sumamente curioso y hasta cierto punto irónico.

La apertura comercial puede ser considerada quizá como la mayor expresión del pensamiento económico liberal, pues busca que el mercado nacional compita por sí solo contra los mercados internacionales, y al mismo tiempo abre las puertas para que productos y servicios extranjeros puedan competir contra productos y servicios nacionales, aún cuando éstos pueden perder participación de mercado. Contrario a corrientes económicas conservadoras, o proteccionistas, el comercio internacional busca generar un bienestar colectivo mayor que se dé por medio del intercambio de bienes o servicios entre diferentes naciones.

De acuerdo con algunos teoremas dentro de la teoría del comercio internacional, los países se verán beneficiados cuando por medio de la apertura comercial logren especializarse en la producción de aquellos bienes que utilicen de manera intensiva el factor de producción que abunda en cada país. Es decir, mediante apertura comercial los países pueden beneficiarse si se especializan en lo que hacen mejor (entendiendo mejor como aquello que genere mayores utilidades, dados menores costos).

De aquí nace posiblemente la explicación de porqué México a raíz del TLCAN se especializó en manufacturas. Considerando los dos principales factores de producción (mano de obra y capital), cuando analizamos a nuestro país frente a Canadá o frente a Estados Unidos, observamos que México tiene una ventaja competitiva relativa en mano de obra, mientras que ellos tienen una ventaja competitiva relativa a nosotros en capital (dados los costos de cada factor). En este sentido, México puede tener una relación comercial aportando lo que a ellos les sale caro, y recibiendo lo que a México le sale caro.

Por supuesto que está el debate presente sobre si la apertura comercial genera mayor nivel de desigualdad, que probablemente sea cierto, pero indudablemente es verdad que México ha obtenido un mayor crecimiento económico a raíz de este y todos los acuerdos comerciales que tiene vigentes.

Lo curioso entonces de esta entrada en vigor del nuevo T-MEC, es que se da dentro de un sexenio en el que se ha satanizado el pensamiento económico neoliberal, volviéndose hasta cierto punto en un insulto. Pero es un sexenio en el que se ha hecho la promesa de mejorar los niveles de crecimiento económico y de desarrollo. Una cosa parece estar clara desde el más alto nivel de gobierno; la apertura comercial genera crecimiento, y a mayor crecimiento, puede haber más desarrollo.

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas