Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

En gozosa celebración por el nuevo hijo que

el Padre Sol y la Madre Tierra

cobijan desde el pasado viernes 28 de mayo.

La semana anterior concluí reflexionando a propósito de las ventajas y/o desventajas de que el nuevo obispo de Aguascalientes proceda de otra diócesis, cosa más que probable. Por otra parte, si el elegido fuera de aquí, tendría la ventaja de conocer esta “porción del pueblo de Dios”, situación contraria para quien venga de otra región, que muy posiblemente no conocerá la diócesis que gobernará, la cultura de su gente, su forma de ser, sus aspiraciones, los usos y costumbres locales, los activos de sus pueblos, su riqueza, sus carencias, las diferencias culturales, etc. Aunque bueno, quizá de todos modos ocurra que ignore lo que sucede allende la avenida Siglo XXI, si es que procede de la Ciudad Estado.

Esto me recuerda que en 2010 el padre Gustavo Elizalde Mora me pidió que escribiera en esta columna que se honra con su lectura -la de usted- sobre el Colegio Portugal, del que por cierto soy orgullosamente exalumno. El sacerdote no fue del todo claro en la razón de su petición, pero si entendí su idea, al parecer “alguien” no valoraba en toda su extensión la obra que realizaba el organismo, en tanto institución educativa católica fundada por una disposición episcopal. Visto este hecho a la distancia, es claro que al Portugal se le puede aplicar aquél verso de La llorona; ese que dice “Ayer maravilla fui, ahora ni sombra soy”, esto por la circunstancia por la que atraviesa, nada que ver con lo que fue hace 30 años o más.

Como digo, orgullosamente soy exalumno de esta institución, en la que estudié -si cabe el término- el bachillerato, en el turno vespertino. Para mí fue aquélla una etapa inolvidable, de la mayor trascendencia posible. Tan es así que tuvo como máxima expresión el haber sido ese momento y ese lugar donde conocí a mi esposa, que cursaba también el bachillerato, aunque un par de semestres delante de mí. También fue ahí en donde encontré a algunos de mis mejores amigos, que lo siguen siendo, y maestros que recuerdo con afecto, y de quienes recibí enseñanzas que me marcaron de por vida, a veces en clases, pero más frecuentemente en conversaciones entre clases; en los pasillos, entre otros, el profesor Humberto Pedroza Romo, el abogado Eutimio Serna Chávez, los sacerdotes Ricardo Cuéllar Romo y Ricardo Martín del Campo, y el propio director, José Guadalupe Díaz Morones.

En fin, comentó lo anterior porque también hace unos 10 años, mi amigo Ricardo Orozco Castellanos, que en ese momento se desempeñaba como prefecto en el Portugal, me invitó a dar una plática sobre el barrio de San Marcos, en el contexto de una semana cultural; algo así. Me llevé la sorpresa de la vida al constatar que el turno vespertino había desaparecido por falta de quorum; se esfumó; se acabó, y no sólo eso, sino muchas otras cosas.

No olvido el estupor que me causó el recorrido por las instalaciones del colegio, entrando por Nieto y hacia el viejo edificio, el que hermosea la zona vecina del Jardín de San Marcos; aquélla soledad y silencio, y la ausencia de voces juveniles llenando el aire de sueños y sonrisas. Entiendo que han pasado muchas cosas, la aparición de nuevas, novedosas opciones de educación, la migración de estas instituciones del centro a la periferia -el Portugal sigue donde mismo; donde hace 60 años o más, con una ciudad infinitamente distinta a aquélla; más tensa y hacinada-, etc., pero nada que ver con aquél colegio que fue orgullo de muchos, aunque le pese a más de alguno. Pero a despecho de estas circunstancias, parecía también que a la institución le faltaba impulso desde lo alto.

Cambio de terc… perdón: de tema, para compartir con usted un comentario que me hizo llegar el doctor Salvador Camacho Sandoval, que por cierto es doctor, a propósito de la diferencia entre los obispos Lona Reyes y De la Torre Martín, preguntándose -preguntándose de manera retórica- si todo cabe en la jerarquía, esto por los contrastes que separan a ambos personajes, y bueno, el abanico es, en efecto, muy amplio. Por otra parte, Bety Bermea me comentó, supongo que también de manera retórica, que ojalá la comunidad católica eligiera a su obispo. Finalmente, Jorge Humberto Varela Ruiz me escribió lo siguiente: “Monseñor Ricardo Guízar Díaz era una persona sencilla, amable, prudente e incluyente. Me tocó en suerte, cuando era joven, estar con él en la Pastoral Diocesana y siempre consideraba, de manera importante, nuestras opiniones y sugerencias. Era sobrino del Santo Obispo Guízar y Valencia. Otro personaje que apoyaba también mucho a los jóvenes en aquel entonces era el Pbro. Emilio Berlié Belauzarán”.

Ahora terminaré con esta entrega como debí iniciar la serie, con el desciframiento de la palabra principal del título de mi peroración: “vacante”.

Dice mi diccionario de cabecera, el de la Real Academia Española, que vacante procede de “vacar y -nte; lat. vacans, -antis”, y tiene cuatro acepciones, de las cuales las dos primeras son las más idóneas para este, mi tema: 1. adj. Que está sin ocupar. 2. adj. Dicho de un cargo, un empleo o una dignidad: Que está sin proveer. U. t. c. s. f. Por aquello del no te entumas, van las otras dos: 3. f. Renta caída o devengada en el tiempo que permanece sin proveerse un beneficio o dignidad eclesiástica.4. f. desus. Tiempo que duran las vacaciones. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).