Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Estoy refiriéndome a los distintos momentos de la historia de la diócesis de Aguascalientes en que por ausencia del titular vive una situación de sede vacante, y ahora recordaré que el zacatecano Ignacio Valdespino y Díaz, tomó posesión como segundo obispo diocesano el 10 de mayo de 1913, cuando la revolución constitucionalista estaba en pleno ascenso, poco más de dos meses después del asesinato del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez. Una revista de la capital del país, “La semana ilustrada”, publicó en su número correspondiente al 20 de mayo de aquel año, tres fotografías bajo el título de “Nuevo obispo en Aguascalientes”, en referencia a la toma de posesión. En una de ellas se observa la portada de catedral, su torre viuda adornada con banderas nacionales, y en la puerta del atrio, dos árboles. En la segunda gráfica se observa un templete desde el cual un hombre dirige la palabra a los asistentes, que en su mayoría llevan la cabeza cubierta con sombreros de ala ancha. Finalmente, la tercera imagen muestra el arco triunfal levantado para recibir al pastor.

El segundo prelado gobernó al catolicismo aguascalentense 15 años y dos días, hasta su deceso, por cierto ocurrido en el exilio propiciado por la guerra de religión de los años 20 del siglo anterior. En efecto, Valdespino murió en San Antonio, Texas, el 12 de mayo de 1928, a los 67 años. En sus últimos meses contó con un obispo auxiliar, que lo fue el aguascalentense José de Jesús López y González, nombrado como tal el 1 de julio de 1927.

Aquí ocurre algo que me llama la atención. El recientemente fallecido pastor José María de la Torre Martín, fue nombrado obispo el 19 de junio de 2002 y designado auxiliar de Guadalajara. Ese mismo día fue elegido obispo titular de Panatoria… ¿Existe ese lugar, Panatoria? ¿Dónde queda? Dice la Wikipedia que “Panatoria era una ciudad antigua en la provincia romana de Mauretania Caesariensis, durante el Imperio Romano. Se desconoce la ubicación exacta de la ciudad, pero estaba en lo que hoy es el norte de Argelia”, es decir, en la antigüedad y en medio de la nada; invisible, en África... Y aquí cabe preguntarse; obliga preguntarse, ¿qué hace un jalisciense encabezando una diócesis en África del norte?

Me acuerdo que cuando se dio a conocer esta información le pregunté al canónigo Miguel B. Medina Fernández, entonces custodio de la catedral, por el significado de esto. “Son diócesis que no existen, que desaparecieron”, contestó, y agregó que invariablemente la dignidad episcopal está asociada a una diócesis, pero como De la Torre fue elevado a la dignidad episcopal para convertirlo en auxiliar de Guadalajara, entonces se le asignó esta de Panatoria. Luego de que De la Torre fuera nombrado obispo de Aguascalientes, fue destinado para aquel cargo un alemán, Hubert Berenbrinker, que fungió como auxiliar en la diócesis de Paderborn, en su país.

Por cierto que en una de esas paradojas que le arrancan a uno una sonrisa -por lo menos a mí- la consagración de De la Torre como obispo ocurrió en el Auditorio Benito Juárez, de Guadalajara…

En fin, menciono este asunto de la diócesis de Panatoria porque al morir Valdespino, en mayo de 1928, López y González cesó como obispo auxiliar de Aguascalientes, y fue asignado a la diócesis de Dádima, o Dadima, esto para que siendo obispo no quedara sin diócesis. ¿Dónde era este lugar? ¡Vaya usted a saber!, dado que no solo no aparece en el mapa, sino que tampoco aparece en la Internet.

La sede vacante con motivo de la muerte del obispo Valdespino duró más de un año, de mayo de 1928 al 20 de septiembre de 1929, en que su antiguo auxiliar fue nombrado tercer obispo diocesano, el único originario de Aguascalientes… Hasta ahora… Y el único al que se le ha iniciado proceso de canonización, habiendo sido declarado siervo y luego venerable.

López y González nació en el rancho El Cotón, que se encuentra en el actual municipio de El Llano. Por cierto que en la carretera que comunica a Norias de Ojocaliente con La Luz, en ese mismo municipio; una carretera apacible por lo solitaria y por el paisaje que se ofrece, esto porque parece que navega uno en un grande océano, entre la Sierra de Tepezalá y el cerro de Juan Grande, que se observan allá, en lontananza, y que se me figura que son dos grandes navíos. Digo que va usted por esta carretera, y adelante de El Soyatal está la desviación a El Cotón. Ahí, manos agradecidas construyeron un monumento al prelado, que señala el orgullo de sus habitantes por tan ilustre hijo. Un dato más: supongo que debido a las turbulencias políticas con motivo de la guerra de religión que se desarrolló en el segundo lustro de la década de los 20, López y González fue instalado en el cargo hasta el 2 de enero de 1930. López y González gobernó casi 21 años, hasta el 11 de noviembre de 1950, fecha en que ocurrió su deceso, a los 78 años.

Entonces la sede vacante duró poco más de un año, desde el óbito episcopal hasta que el 8 de diciembre de 1951, cuando fue consagrado el cuarto obispo, el jalisciense originario de Yahualica en donde era párroco, Salvador Quezada Limón. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).