Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Carlos Reyes Sahagún, por gracia del H. Ayuntamiento de esta municipalidad, a mucha honra Cronista del Municipio de Aguascalientes, a sus habitantes, sabed: que de conformidad con el Código de Derecho Canónico vigente, una diócesis es “una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la cooperación del presbiterio”, y que se encuentra en situación de sede vacante “por fallecimiento del Obispo, renuncia aceptada por el Romano Pontífice, traslado y privación intimada al Obispo”.

Confieso que no entiendo esto de “intimada” en el concepto de “privación intimada”. El diccionario de la RAE señala que el término hace referencia a “requerir, exigir el cumplimiento de algo, especialmente con autoridad o fuerza para obligar a hacerlo”… Aún así, sigo sin entender… En fin, cosas de abogados… Pero no me importa (no comprender esto) porque no es el caso que me ocupa, en el que la sede está vacante, todo el mundo lo sabe, por la muerte de su titular, ocurrida en diciembre anterior.

Recuerdo ahora algo dicho por el obispo Rafael Muñoz Núñez al hacerse cargo de esta jurisdicción eclesiástica como quinto obispo diocesano, en agosto 1 de 1984: “La iglesia se construye por todos. Ciertamente el obispo ocupa un puesto prominente en la edificación de la iglesia; es cabeza y principio de unidad y de comunión; sin él no hay Iglesia y menos comunión”. Así de importante es el titular, y así de necesario.

Desconozco si el texto vigente del Derecho Canónigo sea reciente, pero si nos atenemos a la idea que encierra el artículo citado en el primer párrafo, el obispado de Aguascalientes ha vivido esta situación de sede vacante hasta en 8 ocasiones, la primera por no haberse nombrado pastor justo cuando esta porción de territorio de la Arquidiócesis de Guadalajara fue desmembrado de ella para convertirlo en una diócesis, 5 por la muerte del titular, y 2 por la renuncia.

De los siete prelados que han encabezado a los católicos de Aguascalientes, sólo uno fue originario de esta entidad, otro de la Ciudad de México, 3 de Jalisco, uno de Michoacán y otro de Zacatecas, y esto ya puede dar una idea de cómo se mueven las cosas. De los 7 sólo Salvador Quezada Limón fue nombrado obispo para hacerse cargo de la diócesis; los demás ya lo eran.

Hubo dos prelados más, que no fueron titulares, aunque sus retratos penden en la parte norponiente de Catedral, en el espacio privado que existe entre el altar lateral y la sacristía, y los dos estuvieron aquí casi al mismo tiempo. El primero, Alfredo Torres Romero, fungió como obispo coadjutor en 1975, cuando el conflicto que desgarró al clero diocesano y a una parte de la sociedad, a mediados de los años setenta, y también como Administrador Apostólico, en la época en que el obispo titular, Quezada Limón, fue exili…. Perdón: retirado del cargo. A su regreso, en 1978, Torres Romero fue cambiado de destino y se nombró un obispo auxiliar, Ricardo Guizar Díaz, que permaneció al lado del señor Quezada hasta la renuncia de éste por edad, en febrero de 1984. Entonces Guizar Díaz tuvo su propia diócesis, la de Atlacomulco, Estado de México.

Si es servido atenderme en estas líneas, le ofreceré una apretada síntesis en torno a este tema de la sede vacante, no sin informarle que mis fuentes de información serán el historiador José Antonio Gutiérrez, que ha dedicado ingentes horas trabajo al estudio de la Iglesia Católica en Aguascalientes, el Plan Diocesano de Pastoral 1989-1994, y la página de la Internet catholic hierarchy, punto org.

Así que corre y se va: la parroquia de la Asunción fue fundada en 1601, dependiente del entonces obispado de Guadalajara, y así continuó hasta la erección de la diócesis, mediante decreto del papa León XIII, de 27 de agosto de 1899, ejecutado el 3 de noviembre siguiente, aunque ya antes, en 1885, se estableció aquí un seminario conciliar. En el momento de la fundación de la diócesis existían en esta región seis parroquias, la Asunción y el Encino en la capital, y las de Asientos, San José de Gracia, Calvillo y Jesús María.

Entonces ocurrió la primera sede vacante, que duró más de 3 años y medio, desde la ejecución del decreto de erección de la diócesis, en noviembre de 1899,hasta el 29 de julio de 1902, fecha en que tomó posesión el primer obispo, el fraile franciscano originario de la Ciudad de México, José María de Jesús Portugal y Serratos, que ya tenía tal dignidad, con la cual se había desempeñado como titular de las diócesis de Sinaloa y Saltillo y que había nacido en 1838. De seguro conocía Aguascalientes de antes, dado que fungió como párroco en Asientos, a menos que haya en la geografía nacional otro pueblo con semejante excepcional nombre. Portugal fue “famoso como orador sagrado, había escrito numerosas obras de filosofía, teología y espiritualidad”. De hecho, si usted le pica a la Internet, encontrará alguno de estos textos, creo que en la excelente biblioteca digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

La segunda sede vacante inició con la muerte del pastor a los casi 75 años, el 27 de noviembre de 1912, luego de un episcopado que duró poco más de 10 años. En cuanto al estado de sede vacante, subsistió más de cinco meses, hasta el 10 de mayo de 1913, en que tomó posesión de la sede episcopal Ignacio Valdespino y Díaz, zacatecano de Chalchihuites, en donde había nacido en 1861. También era ya obispo, pero de la diócesis de Sonora. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).