Jesús Guerrero
Agencia Reforma

CHILPANCINGO, Guerrero.- Se reunió con los principales líderes de la delincuencia organizada en Guerrero y no tiene empacho en decirlo abiertamente.
A horas de dejar el cargo, el hasta ahora Obispo de la diócesis Chilapa – Chilpancingo Salvador Rangel Mendoza –quien se jubiló este martes– señala que dialogar con estos jefes criminales era la única manera de pacificar el estado, uno de los más golpeados por la violencia del narcotráfico.
Santiago Mazari, «El Carrete», Isaac Navarrete «el Señor de la I», Onésimo Marquina, «El Nencho» son algunos de los «capos» con los que Don Salvador se reunió en su intención de acabar con la violencia.
En entrevista poco antes de oficiar una de sus últimas misas como Obispo en la Catedral de La Asunción en Chilpancingo, Rangel cuenta que fue el ex Gobernador Rubén Figueroa quien medió para que pudiera encontrarse algunos de los jefes criminales con los que estableció diálogos.
En Chilapa, por ejemplo, Figueroa Alcocer intervino para que Rangel pudiera platicar con los dirigentes del grupo criminal de Los Ardillos.
«Yo no sé qué relación tengan ellos (el ex Gobernador con los líderes de esa organización) pero en la pacificación particularmente la de Chilapa si intervino Don Rubén, moviendo sus hilos, su mediación», dijo.
Según Rangel, también recurrió al ex Gobernador cuando tenía que entrar a la región de la Tierra Caliente después de que fue designado administrador apostólico de la diócesis de Ciudad Altamirano.

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