Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En ocasiones pasadas hemos insistido que, según expertos, evaluar es para mejorar; esto es, cuando se evalúa el aprendizaje de los alumnos es con el fin, por una parte, de conocer el grado de su avance en cuanto a conocimientos y, por otra, detectar deficiencias. Al conocerse las fallas, las autoridades educativas, los supervisores, los directivos escolares y los maestros, formulan estrategias integrales (cada quien en su respectivo ámbito de competencia) para superar, coordinadamente, lo que no se ha aprendido a cabalidad; pues no conviene tener, ni que se acumulen, los rezagos en el proceso educacional. Y en este proceso de superación y de retroalimentación es, precisamente, donde se genera el mejoramiento académico continuo. De no atenderse las fallas detectadas, como consecuencia, se tiene una educación de muy baja calidad.

A partir de este Gobierno Federal, las evaluaciones nacionales (como ENLACE y PLANEA) ya no se realizan, y las locales tampoco; por tanto, difícilmente podemos saber sobre el nivel de eficacia y de eficiencia del proceso enseñanza–aprendizaje. Se puede pretextar que la pandemia ha impedido la aplicación de exámenes; sin embargo, antes de ella ya se avizoraba el desdén por la evaluación educativa. Ante este orden de cosas nada bueno se puede esperar para el mejoramiento educativo; pues, sin evaluación no se pueden tener los elementos necesarios para la mejoría; por lo que tan sólo habrá suposiciones y especulaciones; sin faltar, tampoco, quienes afirmen, sin sustento alguno, que “andamos muy bien”.

Tue Halgreen, uno de los principales analistas de los exámenes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA por sus siglas en inglés), propiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), manifestó la semana pasada que México no está realizando lo necesario ni ha estado en comunicación con la OCDE para la aplicación de exámenes PISA en 2022, por lo que todo indica que México sería el único país, de 87, en retirarse de esta evaluación. PISA no mide la cantidad de conocimientos memorizados de los programas de estudio, sino que evalúa las capacidades y las habilidades que los estudiantes de 15 años han desarrollado para aplicar los conocimientos matemáticos, de lectura y de ciencias, en la solución de problemas y situaciones de la vida real. Es decir, los alumnos que obtienen entre 500 y 600 puntos, en estos exámenes, son capaces de resolver los retos que la vida les presenta.

Una vez aplicados los exámenes, se entregan a los países miembros de la OCDE los resultados de sus respectivos estudiantes, que fluctúan entre 100 a 600 puntos y más. Los países con bajos resultados, como es el caso de México, tienen los datos de en qué aspectos específicos hay deficiencias, para que con base en esta información formulen proyectos y estrategias de mejoramiento. Bajo esta óptica y haciendo esfuerzos reales, se puede mejorar la formación de los estudiantes.

Ahora que México ya no hace evaluaciones de carácter nacional, ni locales, PISA era una buena opción para mejorar la educación; pero si ésta también se suprime, ¿qué podemos esperar sobre la calidad educativa? El presidente, por salir del paso, dice que se seguirá aplicando PISA, sin embargo, la Secretaría de Educación no está haciendo las pruebas de campo o de pilotaje con miras al 2022, por lo que se infiere la anulación de este importante diagnóstico. Los maestros deseamos saber ¿qué piensa al respecto la maestra Delfina Gómez, secretaria de Educación? Por ser maestra frente a grupo, todos suponíamos que al fin había llegado a la Secretaría alguien que podía “hacer historia en la educación”, pero hasta la fecha está ausente en los hechos; tan sólo ha ordenado, a escondidas, la cancelación de plazas del sector en aras de la austeridad. ¿Cuándo tendremos algo para mejorar la educación?