Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Todos los interesados en la educación coinciden en señalar que los estudios a distancia disminuyeron los niveles de aprendizaje de los alumnos de educación básica; generándose, con ello, un rezago educativo que equivale a, por lo menos, 1.8 años de escolaridad, según estimaciones del Banco Mundial; dato que coincide con estudios realizados por organismos independientes del país. Ante este problema grave, se esperaba que la Secretaría de Educación pusiera en marcha, desde el inicio del ciclo escolar 2021 – 2022, un plan emergente para regularizar este rezago; sin embargo, el plan no se hizo y tan sólo se ha indicado que cada maestro detecte el rezago de su grupo y lo atienda como se pueda, cuando sea posible y sin otro apoyo que su propio esfuerzo.

Bajo esta óptica, ¿cómo fue la primera semana del ciclo escolar? Como ha sido la costumbre por décadas: después de un breve saludo y de dar la bienvenida a los alumnos en el salón, los maestros se presentaron, luego anotaron en el pintarrón (pizarrón) la lista de útiles que se necesitan e hicieron comentarios sobre el reglamento interior de la escuela, el cual debe observarse cotidianamente. A partir del segundo día, la mayoría de los maestros aplicaron pequeños cuestionarios sobre la materia o materias a su cargo. Estos cuestionarios siempre se han aplicado al inicio de los cursos; pero, lamentablemente, no tienen mayor trascendencia toda vez que los resultados se ignoran en el desarrollo de las clases, como tampoco influyen para dar atención diferenciada a los educandos. Por otra parte, en las preguntas sólo se pone énfasis en las definiciones; esto es, en la memorización de los conceptos. Por lo tanto, difícilmente es un diagnóstico con la profundidad que se requiere para medir la magnitud del rezago educativo y para detectar a los que tienen atrasos en los aprendizajes. Los docentes, entonces, seguirán dando clases, a todos, con los mismos aprendizajes esperados, las mismas actividades y los mismos materiales educativos; no habrá diferenciación entre alumnos avanzados, rezagados y/o con problemas de aprendizaje. A todos se les considerará con la misma situación emocional y académica; con las mismas capacidades, necesidades e intereses. Lo cual va en detrimento de los rezagados, por la falta de equidad en el proceso enseñanza – aprendizaje.

El hecho de haber regresado a las clases presenciales no garantiza, en automático, mejoría en los aprendizajes, mientras no se atienda a los estudiantes de acuerdo con lo que cada uno necesita, desea y puede. El rezago y la diversidad sólo se pueden detectar con un diagnóstico ex profeso. Si la Secretaría de Educación soslayó este estudio y no quiso hacer un plan para regularizar el rezago de la educación básica, en el caso de Aguascalientes bien pudo el Instituto de Educación hacer el plan de cobertura estatal, con fundamento en el espíritu de la descentralización educativa y de las normas que lo sustentan; pero, sobre todo, por el interés de mejorar la educación de los niños, adolescentes y jóvenes del estado. Dice un proverbio, “el que razón manda, razón espera”. Esto es, las autoridades mediante discursos han enviado el mensaje que los docentes deben hacer diagnósticos para medir el rezago educativo de sus alumnos y para regularizarlos. No se duda que algunos lo hagan, pues hay excelentes maestros; pero, subsiste el temor que la mayoría tan sólo responda, también, con discursos de que todo está bien; cuando la realidad sea otra. Aún hay tiempo para que las autoridades, junto con los maestros, implementen un proyecto viable para superar el rezago educativo que generó la pandemia. Habrá que hacer honor a la concepción que los grandes retos son oportunidades para mejorar las cosas. Todo sea por el bien de niños, adolescentes y jóvenes de Aguascalientes.