Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El cambio en los programas de estudio de educación básica, que la Secretaría de Educación Pública está planteando, consiste en desaparecer las asignaturas de especialidades. Esto es, dejarán de existir, como tales, Español, Matemáticas, Biología, Geografía, Historia, Física, Química, Formación Cívica y Ética y las demás materias; y en su lugar plantea cuatro campos formativos: 1) Lenguajes; 2) Saberes y Pensamiento Científico; 3) Ética, Naturaleza y Sociedad; y, 4) De lo Humano y lo Comunitario.
Los conocimientos fundamentales de Español, Inglés y Artes, se integran en el campo formativo de Lenguajes; los de Matemáticas, Biología, Física, Química y parte de Tecnología, en el campo formativo de Saberes y Pensamiento Científico; los de Geografía, Historia y Formación Cívica y Ética, se integran al campo formativo Ética, Naturaleza y Sociedad; y los conocimientos (de otra parte) de Tecnología, de Educación Física, (parte) de Biología y de Educación Socioemocional, se integran en el campo formativo De lo Humano y lo Comunitario.
De conformidad con la propuesta, la intención es que los decentes, sobre todo los de secundaria, englobemos, abarquemos, incluyamos conocimientos de varias asignaturas en un todo temático; lo que, técnicamente, se conoce como transversalidad. Aunque el término aún no está considerado en el Diccionario de la Real Academia Española, transversalizar, en educación, es conjuntar diversos conocimientos y experiencias pedagógicas con el fin de formar integralmente al estudiantado. Para ello, los planes y programas de estudio, la cultura escolar y los actores del proceso educativo deben funcionar con estos criterios de transversalidad.
Transitar de un día para otro, sin previa capacitación, hacia la transversalidad en el proceso enseñanza – aprendizaje y rendir buenas cuentas, no será sencillo para nosotros; pues estamos formados en especialidades y trabajamos por especialidades. Si la Secretaría de Educación tenía en mente cambiar el enfoque educativo de los programas, hasta por sentido común debió tener congruencia, desde un principio, en dos cuestiones fundamentales: por una parte, debió anticipar una reingeniería y capacitación a los docentes en servicio; y, por la otra, también debió prever, con tiempo, la formación en transversalidad o en campos formativos de los que están estudiando en las escuelas normales. Es realmente inconcebible que a estas alturas ya están diseñados, para la educación básica, los nuevos planes y programas de estudio con criterios de transversalidad, y en las escuelas normales se siguen formado maestros por especialidades; o, ¿de qué se trata? La Secretaría de Educación sabe que, en gran medida, las reformas educativas han fracasado porque los enfoques de los programas de educación básica van por un lado y la formación de maestros va por otro lado, hasta en sentido contrario, como es el caso que estamos comentando. Los maestros, por el bien de la formación de niños, adolescentes y jóvenes, siempre hemos pedido a las autoridades que, previamente, nos capaciten, a los que estamos en servicio, sobre los cambios que se pretendan hacer y que también formen a los estudiantes de las normales en congruencia con los nuevos enfoques educativos. Las autoridades, tal vez piensen que tan sólo es cuestión de cambiar los programas y que los maestros busquemos las formas de cómo y con qué desarrollarlos para obtener buenos resultados. No, los que estamos frente a grupo sabemos que no es, simplemente, de “enchílame otra”. La educación merece seriedad y congruencia en los hechos.
Si, en verdad, las autoridades quieren mejorar la educación, deberían pensar en todo: en los programas de estudio, en los libros, en los docentes, en los directores, en los supervisores, en todo el personal de apoyo educativo; también, en las condiciones de las escuelas y en los apoyos que requieren para su buen funcionamiento. Una buena solución sería contar con una Educación de Estado y no con ideas sueltas de cada sexenio.

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