Rolando Chacón
Agencia Reforma

MÚZQUIZ, Coahuila.- Una nueva tragedia pegó ayer a la Región Carbonífera de Coahuila, donde se inundó una mina de carbón proveedora de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y al menos siete trabajadores quedaron atrapados en ella.
Desde octubre pasado, esta explotación minera fue denunciada por sus mismos trabajadores ante Manuel Bartlett, director de la CFE, por incumplir las condiciones de seguridad, pero siete meses después se convirtieron en víctimas.
Al mediodía de ayer, de acuerdo con las primeras versiones oficiales, se registró el accidente en la mina ACC, en el poblado Rancherías, a unos 15 kilómetros de la cabecera municipal de Múzquiz, en el norte de Coahuila.
Los trabajadores habrían perforado la pared de una mina contigua que, al no estar en operación, estaba llena de agua, lo que provocó una inundación.
“Hay indicios de que el accidente se debió a un desbordamiento e inundación en la mina”, informó el Gobierno de Coahuila.
Militares, policías, elementos de Protección Civil -entre ellos de Nuevo León-, paramédicos y mineros acudieron al sitio.
Sin embargo, dada la inundación, sólo pudieron llegar hasta la boca o entrada de la mina, donde comenzaron a extraer agua, proceso que continuaba anoche.
El 23 de octubre del 2020, en gira del Presidente Andrés Manuel López Obrador por el norte de Coahuila, la Organización Familia Pasta de Conchos (OFPC) y el Centro Prodh de derechos humanos entregaron a Bartlett una carta que denunciaba las condiciones de esta mina y otras.
Cristina Auberbach, de la OFPC, reprochó ayer que el director de la CFE tenía la información para evitar otra tragedia minera que, según sus estimaciones, han dejado más de 100 muertes en la región desde Pasta de Conchos en el 2006.
En el texto se señala que los mineros no cuentan con el equipo y condiciones de seguridad mínimos, como calzado, ventilación o medidores de gas.
“Bartlett nunca nos contestó, ni nos recibió, le hicimos todo el trabajo”, afirmó Auberbach.
“El muchacho que le denunció las minas está atrapado (ahora), ¡carajo!”, añadió la activista, que declinó identificarlo.
Fuentes del ramo explicaron que la explotación de carbón siniestrada, llamada “cueva de arrastre” -por su pequeño tamaño y método para sacar el mineral, que lo arrastra por rieles-, busca aprovechar vetas que quedaron de perforaciones mayores.
Estas minas han repuntado ante la nueva política de López Obrador de reactivar las viejas carboeléctricas de la CFE.