Eduardo Cedillo y Alfredo Moreno
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Todos los días, en el panteón municipal de Nezahualcóyotl, una decena de cadáveres son exhumados para ir a la fosa común; los ataúdes donde reposaban van a la basura, y los nichos de inmediato vuelven a ocuparse.
“Las gavetas que desocupamos hoy se vuelven a ocupar mañana o pasado, incluso el mismo día, es inmediatamente la demanda que hay ahorita y la saturación”, dice el sepulturero Óscar Rivera.
Los muertos de Covid-19 llegan todos los días a un panteón que tiene sus 14 mil nichos ocupados.
La administración del cementerio encontró la solución: aceleró la cancelación de contratos para el uso de los nichos con vigencia de 7 años. Si los deudos no responden al aviso y no renuevan contrato, los restos se consideran abandonados.
De inmediato los exhuman y van a la fosa común. Mediante un edicto, desde abril del año pasado se dio a conocer que no habría margen de espera ante la demanda por la pandemia.
“Se exhuma en la mañana y, a partir de las 12, se vuelven a ocupar. La cuestión es siempre tener de 5 a 10 gavetas disponibles para tener un margen libre”, dice Óscar, el sepulturero.
“Se siente tristeza ver tanta gente que se está muriendo y tener que sacar para volver a meter”, lamenta.