Claudia Salazar
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- El “chapulineo” de legisladores, que pasan de una bancada a otra, es cosa común en la Cámara de Diputados.
Al arrancar la 64 Legislatura en 2018, Morena se hizo del control político y administrativo de San Lázaro tras cooptar a legisladores de otras bancadas, a cambio de posiciones, candidaturas o apoyo para trabajo político en sus localidades.
Por ejemplo, sumó a cuatro diputados del PVEM a su fracción para lograr la mayoría absoluta, que le valió tener la Junta de Coordinación Política durante los tres años de la Legislatura y con ello el control de gobierno y administrativo de la Cámara de Diputados.
Más adelante sumó al panista Luis Fernando Salazar, quien aspira a la Gubernatura de Coahuila y ahora trabaja en esa dirección.
Otro movimiento fue quebrar al PRD, bancada que perdió a 8 de sus 20 integrantes, entre ellos algunos de los legisladores más cuestionados, como Ricardo Gallardo, quien se unió al PVEM para trabajar políticamente en la candidatura al Gobierno de San Luis Potosí.
En la más reciente maniobra del PT para conseguir la presidencia de la Mesa Directiva, el coordinador del PES, Jorge Arturo Argüelles, acusó a ese partido de comprar legisladores por 5 millones de pesos.
Mientras que esta semana cuatro legisladores del PRD pasaron al PRI para darle los legisladores necesarios y así proponer a Dulce María Sauri como presidente de San Lázaro.