Uno de los principales problemas a que se enfrentan los médicos cuando atienden a un paciente con COVID-19 es que éstos tienen miedo de ser hospitalizados, por eso es que retardan la atención en consultorio o buscan la prueba, con la esperanza de que los síntomas no sean del virus, pero cuando se deciden ya es tarde para algunos, manifestó el médico epidemiólogo Francisco Márquez Díaz.

Lo que también se debe observar es que los mensajes políticos en cuanto a la disponibilidad de camas con respiradores artificiales deberían ser más claros, pues no basta con tener esos insumos solamente, sino que también se requiere de personal médico capacitado que brinde la atención las 24 horas de todos los días a los pacientes que lo requieren y que en las últimas semanas se ha sostenido en un elevado número.

Así pues, se juntan 2 factores adicionales que complican la pronta atención y el salvar vidas además de las comorbilidades, como son la búsqueda de atención tardía y la disponibilidad de camas y la capacidad de las instituciones de salud para resolver estos problemas en hospitales, y es que “hay situaciones de difusión pública, información política, que probablemente sea distinta a la que vivimos a diario con los pacientes. Una cosa podría ser lo que se expresa y otra la realidad que se tiene”.

Insistió que cuando se habla de camas disponibles para recibir pacientes en hospitales, se refieren a objetos, “donde una persona se puede recostar, eso es una cama; pero habrá que hablar del equipo complementario y el personal disponible para estar al tanto las 24 horas de los 365 días del año, considerando que ya van más de 5 meses con la pandemia y poco se avanza”.

Lamentablemente, indicó, se vive en un país donde la salud ha sido un tema secundario en cuanto a la inversión económica y de personal, “en México tenemos un servicio de salud que no se compara con otros países y sin duda, eso está impactando en la mortalidad que tenemos”, aunado a la poca solidaridad de la ciudadanía que no toma medidas de prevención y que se pone en riesgo, pero más aún a sus familiares y personas cercanas con las que convive.

“A estas alturas, todavía hay quienes no se convencen que ellos pudieron haber contraído el virus y ser asintomáticos, pero sí pueden contagiar de gravedad a otros; falta generar esa conciencia y empatía de la población”.