Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En las “benditas” redes sociales circula un corto promocional del aeropuerto de Santa Lucía, el aeropuerto de interés social con el que la cuatrote pretende sustituir y hacer olvidar el que sería un orgullo para nuestro país, en el anuncio se destaca como algo digno de mención los baños que ya prácticamente están listos y funcionando. También está listo el museo del Mamut, porque en los terrenos del aeropuerto se encontraron alrededor de quinientas osamentas de ese paquidermo, ya está listo también la filmación que simula que existe un tren directo al aeropuerto y habilitadas las pistas que utilizaba la base aérea. Los baños tienen un ingreso común para hombres y mujeres, aunque por otra parte se sostiene como derecho natural el respeto a las diferentes orientaciones sexuales aquí no hubo más que dos sopas.

El baño de los hombres se anuncia con una gran foto de Santo, el enmascarado de Plata y un letrero que dice algo así como: “Rudos, rudos muy rudos”, sobre los lavabos un letrero de alguien que oyó llover y no supo donde que señala: “De dos a tres caídas sin límite de tiempo”. Los que entiende de lucha libre o los que sin entender de lucha, entienden de español, tienen claro que debe ser: “A dos de tres caídas…”. En la puerta de los privados, ilustraciones de diversos luchadores como Blue Demon, que sí era rudo, o el Rayo de Jalisco, que era técnico. Total que los técnicos del aeropuerto determinaron que todos los luchadores son rudos. Siguiendo la lógica hubiera sido esperable que los baños de mujeres se ilustraran con ilustres luchadoras como “Toña la Tapatía” o de perdido el personajazo de los caricaturistas Gis y Trino: la “Tetona Mendoza” que en la tira cómica sostenía memorables encuentros, incluso con el mismísimo Santo. ¡Pero no! En una discriminación imperdonable adornaron los baños de mujeres con muy coquetos signos, muy femeninos que recuerdan la señalética del Metro.

Supongo que habrá protestas, sobre todo por la utilización de unos signos que claramente refuerzan un estereotipo machista que no es políticamente correcto y que perpetua una separación discriminatoria, al menos es lo que se dice.

Ya éramos muchos y parió la abuela, expresión popular que espero no sea políticamente incorrecta, porque, al menos hasta la fecha, los abuelos no paren. El caso es que viendo la tempestad no se hincan. No obstante los repetidos llamados para rechazar las expresiones misóginas, utilizar lenguaje incluyente o inclusive (whatever that means) y respetar los derechos humanos de los grupos si no vulnerables sí tradicionalmente objeto de trato discriminatorio, llevándose reprimendas y sanciones comunicadores y políticos a los que no les ha caído el veinte, pues anda vete, que al señor presidente de la República se le escapó una expresión gorda refiriéndose a una escultura de un prócer tabasqueño que representa a la Patria como “La chichona”, claro, podría haber dicho cualquier otra expresión, menos corriente, menos vulgar, menos descriptiva, algo así como: de senos ubérrimos o de glándulas mamarias grandes y nutricias. En fin que al presidente le volvió a brincar el macho que lleva dentro y que, no obstante sus posturas en favor de la equidad de género, en la práctica sus expresiones y reacciones le delatan.

Ciertamente no es fácil cambiar toda una cultura aprendida, mamada para ser gráfico, desde la infancia. En que los estereotipos forman parte de la vida cotidiana y que, en muchos casos, las mismas mujeres, en su papel de madre propician. La cuestión se complica porque, hasta donde yo conozco, no existen criterios uniformes para el uso del lenguaje inclusive, es más, en muchas ocasiones se utilizan algunos francamente contradictorios, por ejemplo: no se admite la utilización de la palabra poetisa, porque señala una clara distinción sexista y por lo tanto se recomienda el uso de la palabra “poeta” tanto para los hombres como para las mujeres y supongo que también para los otros grupos de opciones preferenciales distintas, sin embargo no es políticamente correcto utilizar la palabra “juez” para las juzgadores mujeres, recomendándose usar la palabra “jueza”. El criterio es claramente contradictorio.

Peor se los contaré. Pretendiendo encontrar alguna ilustración para el uso del lenguaje entre los mexicanos me encontré, lo había olvidado, que en México no tenemos un idioma oficial. Así como se oye. Hace algunos años, en una pasada ola de reinvindicación de las culturas indígenas se suprimió del artículo 2° constitucional la regla de que el idioma español era el oficial del país pero no se señaló ninguno para sustituirlo. De manera que no tenemos lengua oficial. Sin embargo si se señala que se privilegiará la enseñanza bilingüe, aunque a los ínclitos legisladores se les olvidó cuáles serían las lenguas que formarían la cultura bilingüe, igual podría ser inglés y japonés, náhuatl y maya, chino y mandarín, o cualquiera otra combinación.

Pero entonces se pregunta uno: ¿Por qué la Constitución está escrita en español? ¿Por qué las leyes y decretos se publican en español? ¿Por qué en las escuelas la educación básica obligatoria hasta el bachillerato se imparte en español? Bueno porque los políticos mexicanos son así, y si mucho me apuran los mexicanos somos así: no nos gusta llamar a las cosas por su nombre. Siempre andamos buscando eufemismos para disfrazar la realidad, para simular que las cosas son diferentes.

¿Quién sabe por qué usted no le puede decir mesero a un mesero? Se le llama “caballero”, “joven”, “señor”, “amigo”, pero no mesero. A los viejos hay que llamarles “persona de la tercera edad” a los limosneros ya no se les puede decir así, ahora son “personas en situación de pobreza extrema”, a los niños de la calle es reprobable decirles de esa manera, hay que referirse a ellos como “menores en situación de calle”. La cuestión es que el lenguaje configura nuestro pensamiento, al utilizar eufemismos transformamos la realidad en una que resulte mas aceptable, menos dura, menos lacerante y al final terminamos llamando presidente al dictador.

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