Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

 Una de las obras literarias (porque un cómic con este nivel narrativo y de propuesta debe considerarse como tal) más relevantes de los últimos 35 años es, después de varios arranques en falso para las pantallas grande y chica, adaptado a imágenes en movimiento de la mano de su creador, el afamado y aclamado escritor inglés Neil Gaiman junto con David S. Goyer y Allan Heinberg -todos nombres reconocidos en el mundillo de las historietas y sus iteraciones cinematográficas– con excelentes resultados, pues “Sandman” posee una estructura propia del género fantástico pero con una argamasa unificadora de sustratos humanistas, cósmicos, líricos y antropocéntricos que dimensionan su lectura a la concepción cultural de lo que es un cómic y ello se trasmina a ésta serie de Netflix que recurre a las tramas originales para diseñar una historia que apela a un nivel de producción y puesta en escena majestuosas, un reparto  arriesgado pero involucrado en sus papeles y guiones trabajados, no sólo para exudar fidelidad a la fuente sino además involucrando los matices poéticos y doctos que le dieron identidad a la obra original que le dio forma e impulso al cómic hace más de tres décadas, junto con los trabajos de Alan Moore y Frank Miller, para darle el crecimiento y madurez necesarios. “Sandman” es la historia de Sueño (alias Morfeo, el Rey de la Ensoñación, el Príncipe de las Historias, entre otros solemnes motes), uno de los siete Eternos que representan los aspectos antropomorfos de la condición humana y sus estados emocionales/existenciales que al inicio del Siglo XX se ve apresado por un mago oscuro (Charles Dance) quien busca capturar a la hermana de Sueño, la Muerte (Kirby Howell-Baptiste) con el fin de recuperar a su hijo, muerto en la Gran Guerra. Atrapado en una cúpula de cristal, Morfeo (Tom Sturridge), ser estoico, enigmático y de presencia mayestática, logra escapar sólo para encontrar su reino desolado. Con el fin de restaurarlo, debe recuperar tres herramientas de poder que se encuentran dispersas, incluyendo un rubí en posesión de un hombre mentalmente afectado llamado John Dee (David Thewlis) que será su antagonista cuando decide emplear la gema en una prueba epistémica sobre la verdad y la mentira aplicadas en la praxis humana, mientras que una joven llamada Rose Walker (Kyo Ra) comienza a transformarse en un peligro tanto para la Ensoñación como nuestro mundo por tratarse de un Vórtice, fenómeno que concentra un poder onírico impresionante que detonará la destrucción de todo.

La serie conecta sus arcos narrativos mediante una rica interacción de personajes que alternan humanos y seres etéreos como El Corintio (Boyd Hollbrook), pesadilla en fuga que desea la destrucción de Morfeo e inspiración de incontables asesinos en serie, Deseo (Mason Alexander Park), hermano/hermana de Sueño que conspira contra él/ello y la misma Muerte, entidad inspirada por sus experiencias en el mundo mortal para asumir su rol con optimismo e idílica entrega. La mayoría de los episodios logran conjugar los aspectos argumentales que se buscan dividiéndose en la gesta de Morfeo por encontrar sus artefactos enfrentando o colaborando con seres o individuos asombrosos como Johanna Constantine (Jenna Coleman), nigromante que sólo acata a sus intereses pero tiene el corazón y espíritu en los lugares correctos y Lucifer (Gwendoline Christie), soberano(a) del Infierno que tiene cuentas pendientes con el Señor de los Sueños. Cada proceso narrativo se desarrolla mediante la exploración de los caracteres que poseen los personajes, deshojando cuidadosamente sus motivaciones y emociones mientras deambulan por fascinantes y en momentos bellos escenarios naturales o digitales que logran embelesar a la vez que sitúan perfectamente el contexto y naturaleza de los personajes. La alternancia entre los arcos narrativos y un par de episodios, que mesuran pero brindan una mayor profundidad al proceso argumental, es excelente, sobre todo los episodios 5 y 6, donde nos adentramos tanto a la personalidad y modos de la Muerte y al mismo Morfeo con un trabajo de guion magnífico que sumerge a ellos y nosotros en una examinación sobre la benevolencia y oscuridad que moran en la humanidad mediante ejercicios de reflexión ontológica, metafísica e incluso conductual que inspiran sin aleccionar en un mosaico de  investigación antropocéntrica que puede conmover u horrorizar. “Sandman” logra superar los estigmas de cualquier adaptación al respetar adecuadamente sus basamentos  en el discurso mientras encuentra nuevas formas de expresarlos, ya sea mediante cambios en la sexualidad o etnia de ciertos personajes o localizando los puntos focales en la propuesta de Gaiman en cuanto a caracterización y definición de sus inquietudes argumentales. Ésta serie es un sueño hecho realidad.

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