Cristina Hernández 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando los agentes Víctor Valencia, Ignacio Camacho y María Isabel Montiel le salvaron la vida al bajarlo de la cornisa más alta del hospital a un paciente con Covid-19, no sabían que le quedaban sólo unos 15 minutos de aliento.

Sin pensar en contagiarse, en su familia, ni en los cuatro pisos de altura, los policías sólo buscaban poner a salvo al paciente que, delirante, había subido a la azotea y amenazaba con arrojarse al vacío.

“Era algo incoherente el paciente, porque empezó a decir que iban a pasar por él en helicóptero, que ya se iba”, señaló el policía auxiliar Víctor Valencia, en entrevista para REFORMA.

El agente de 26 años, fue el primero en llegar a la azotea, luego de que autoridades médicas activaron el código negro, cuando el enfermo escapó de la habitación 329.

“Me encontraba en el segundo piso, medicina interna, cuando por el área de voceo dan la alerta de un código negro, lo cual es un código de seguridad en cirugía general, tercer piso, me encuentro a la Jefa de Enfermeras me dice que un paciente se había salido por la escalera de emergencia, me dirijo hacia allá, cuando doy la vuelta, veo que ya se estaba brincando a la azotea, me dirijo hacia allá, empiezo a hablar con él, a utilizar los comandos verbales, a decirle que todo iba a estar bien, que lo iba a ayudar, me presenté, llegó mi compañero, empezamos a hablarle entre los dos, a decirle que lo íbamos a regresar a su cama”, contó.

Su compañero, el oficial Ignacio Camacho, había vivido varios códigos negros ya en el hospital, pero ninguno en una pandemia, con una persona infectada y que se quisiera quitar la vida.

“En ese momento es la adrenalina, yo creo, lo que nos hace actuar, resguardándonos del peligro de ser jalados u otra situación, son muchas situaciones en ese momento, hemos tenido casos de pacientes que se nos quieren escapar por las mismas escaleras, los correteamos por el estacionamiento… son problemas de los pacientes, hay gente que se desespera de estar encerrada”, dijo.

Cuando por fin pudieron regresar a su cama al enfermo de 29 años de nombre Julio, los uniformados fueron aislados, les retiraron su ropa para lavar, mientras que la cubre bocas y guantes se fueron a la basura.

Mientras ellos hacían este proceso, el paciente falleció por complicaciones propias de la enfermedad.

“Estoy muy satisfecha porque salvaguardamos una vida y eso es lo más importante” señaló la agente María Isabel Montiel.

Los tres policías dijeron desconocer que, después de salvarle la vida, el hombre había fallecido, sin embargo, recalcaron estar satisfechos con su labor.

“Hay una satisfacción por el deber cumplido”, concluyó el policía Valencia.