Por J. Jesús López García

99. Despacho del Ing. Leal en la esquina de las calles Hornedo y Díaz de LeónLa profesionalización de disciplinas de origen antiguo, indudablemente ha resultado en un dominio sin el cual, no podríamos concebir mucho de lo que hoy tenemos, llevamos a cabo y disfrutamos. La técnica ha llegado a un punto de sofisticación que no tiene paralelo en la Historia Universal, basta observar cualquier instrumento digital para revelarnos el vértice de un iceberg tecnológico.

La construcción fue hasta antes de la Revolución Industrial una industria humana precursora de nuevas tecnologías. Quienes se dedicaban a ella eran personajes, al margen de su fama personal, respetados por la sociedad ya que su función se apreciaba como una parte vital del entramado colectivo, teniendo que ver con el arraigo de una comunidad a su sitio, o en su contraparte, con la posibilidad de ese asentamiento en un territorio nuevo de potencias insospechadas.

Con los procesos de la Revolución Industrial la cartografía de las recientes comarcas quedó consolidada y la edificación pasó a ser un sistema más al servicio del hombre, relegado hasta el momento a otras industrias productoras de tecnología. La punta de lanza en materia tecnológica fue retirada de la construcción y tomó su baluarte en el área de las comunicaciones y los transportes.

Desde los ferrocarriles, los trasatlánticos y las aeronaves, hasta los vuelos espaciales, las redes satelitales y el doméstico internet, la tecnología ya no tiene en la construcción a su principal bastión. Es cierto que aún nos asombramos ante formas arquitectónicas y mega estructuras espectaculares, sin embargo, es notorio en ellas que son más fruto de la adaptación de otras tecnologías que al arte edificatorio y a las estrategias de financiamiento, que a la singularidad y oficio arquitectónicos, tal como se puede observar en el gótico desarrollado por el abad Suger de Saint-Denis en la Baja Edad Media.

De esta manera, con el reciente estatus de la construcción, la arquitectura gradualmente especializada, vivió en el siglo XVIII tal vez su más importante ruptura: la ingeniería civil nacida de la industrialización fue desde su inicio una disciplina aprendida de manera académica, más que en el empirismo oficioso, surgiendo por primera vez en Francia con la Escuela de Puentes y Caminos de París. La construcción en el siglo XIX fue dominada en buena parte por los ingenieros; el brillo de la joven especialidad alumbró varios episodios en la arquitectura. Como ejemplos baste recordar The Crystal Palace (1851) por Joseph Paxton y la Torre Eiffel (1889).

En Aguascalientes la huella del quehacer de los ingenieros se aprecia en las grandes obras fabriles de la arquitectura industrial de fines del siglo XIX y principios del XX, y en los edificios que a partir de los años treinta del pasado siglo, delinearon la imagen de nuestra ciudad, particularmente en el núcleo central de la traza urbana acaliteña.

Ejemplos sobresalientes por su plástica y fábrica fueron realizados por Salvador Leal Arellano, ingeniero de profesión, quien presentó la tesis denominada “Proyecto de abastecimiento de agua potable al Puerto de Topolobampo, Sin.”, en agosto 26 de 1944. Una vez obtenido el grado, se trasladó inmediatamente a la Universidad de Harvard (1944-1945), en Cambridge, Massachusetts, USA, con el propósito de llevar estudios de posgrado en Ingeniería Sanitaria, que le permitirían descollar en su ámbito disciplinar. Probablemente a raíz de lo anterior, trajo consigo varias inquietudes constructivas que allá estaban empezando a definir un rumbo arquitectónico de repercusiones globales con el afincamiento de los grandes maestros europeos, particularmente los alemanes: Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe.

El ingeniero Salvador Leal fue además de un hábil constructor, un profesional interesado por establecer en Aguascalientes un nuevo discurso arquitectónico, capaz de representar ante la sociedad lo estimulante que la modernidad, como nueva realidad histórica, podía aportar a la vida urbana. La discreción de sus propuestas es una llamada a apreciar en la mesura, su capacidad de lograr un equilibrio en el diálogo cotidiano entre la ciudad y sus habitantes al utilizar sus edificios.

Las fincas proyectadas por el ingeniero Leal son modernas en tanto establecen los medios para que el acontecer diario pueda ocurrir de manera eficiente; su apuesta por la neutralidad expresiva conlleva de cualquier manera el gusto por la buena composición. Arquitectura diseñada para acompañar la vida diaria de una comunidad.

Entre sus múltiples obras podemos mencionar: Fraccionamiento Campestre en coautoría con el ingeniero Gustavo Talamantes Jr., (1952, en concurso), Cantina y billares “La Chispa” (1953), Oficinas y bodega Sahagún (1954), Edificio de locales comerciales y departamentos en Pasaje Ortega (1964), entre otros.

Sin duda alguna, en la persona de Salvador Leal Arellano, se conjuntaron la eficiencia del ingeniero y la sensibilidad de un arquitecto moderno, logrando con ello producir una singular obra arquitectónica.

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