Por: Adriana Jurado Valadez.

“Si desde el inicio nos contaran que en la infancia se define la salud mental de un adulto, entonces trataríamos con más amor el alma de los niños” (anónimo).

La alta incidencia de enfermedades de salud mental de las niñas y los niños de México se ha convertido en un problema público, que no está siendo atendido con eficacia y eficiencia, no obstante que  el  artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano establece que toda persona tiene derecho a la protección de la salud,  y el artículo 50 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (LGDNNA), reconoce que “Niñas, niños y adolescentes (NNA) tienen derecho a disfrutar del más alto nivel posible de salud, así como a recibir la prestación de servicios de atención médica gratuita y de calidad de conformidad con la legislación aplicable, con el fin de prevenir, proteger y restaurar su salud.

A pesar de que la normatividad obliga a las autoridades federales, de las entidades federativas, municipales y de las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México a coordinarse para establecer medidas tendentes a que en los servicios de salud se detecten y atiendan de manera especial los casos de niñas, niños y adolescentes con problemas de salud mental, esto no sucede en los hechos, con todo y que nuestro país cuenta con un Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes el cual debería ser coordinado por la Secretaría Ejecutiva del SIPINNA sin embargo desde febrero del 2021 carece de titular.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (2021), la salud mental se refiere al estado de equilibrio que debe existir entre las personas y el entorno sociocultural que los rodea, incluye el bienestar emocional, psíquico y social e influye en cómo piensa, siente, actúa y reacciona una persona ante momentos de estrés. Los factores que determinan la salud mental de las personas menores de 18 años en cada momento son múltiples. Cuantos más sean los factores de riesgo a los que están expuestos, mayores serán los efectos que puedan tener para su salud mental.

En México existe un incremento de síntomas y problemas relacionados con la salud mental en las personas menores de edad, los cuales se agudizaron con la pandemia por COVID-19, debido especialmente al confinamiento, y a los diversos duelos vividos por la pérdida de seres queridos, lo cual propició más casos de tristeza, depresión, ansiedad, miedo, incertidumbre, desesperanza, aislamiento, frustración, que incluso devinieron en suicidio. (De los Ríos, 2021).

Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) CONTINUA, el porcentaje de población de 10 a 19 años que alguna vez ha pensado en suicidarse se ha incrementado en los últimos años al pasar de 5.1% en el año 2020 a 7.6% en el 2022. La población más afectada son las niñas y mujeres adolescentes, en el año 2022 el porcentaje en este grupo poblacional fue el doble que el de niños y adolescentes.

Del año 2018 al 2022 se han registrado, de acuerdo con datos del INEGI, 3,478 defunciones por suicidio en niñas, niños y adolescentes en todo el país, el año en el que más suicidios se registraron fue el 2020 con 769 casos. En el año 2022 de los 704 casos de suicidios registrados en niñas, niños y adolescentes el 58% correspondió a hombres.

Las niñas, niños y adolescentes con depresión pueden, incluso, no manifestarlo. Las formas tradicionales de entender esta enfermedad llevan a minimizar su impacto o bien a creer que, para ser tal, se tienen que expresar signos claros de tristeza, aislamiento, desgana, llanto, etcétera. La persona con depresión no siempre manifestará estos signos y, menos aún, tendrá control sobre ellos cuando empiecen a surgir.

La salud mental requiere de atención inmediata, esto conlleva a vigilar y monitorear palabras, gestos, conductas y pensamientos de niñas, niños y adolescentes ya que actualmente están en mayor vulnerabilidad, pues aún no están del todo claras las secuelas que dejó la pandemia COVID-19 a nivel social.

A pesar del marco jurídico que vela por la salud mental de niñas, niños y adolescentes y avances en el cambio de paradigma en el que la salud mental y la prevención de adicciones son prioritarias en la política de salud a partir de las modificaciones a la Ley General de Salud en la materia, publicados el 16 de mayo del 2022 en el Diario Oficial de la Federación, es un hecho que ello no ha alcanzado a toda la población, por lo que es necesario redoblar esfuerzos para asegurar que las niñas, niños y adolescentes en México cuenten con atención oportuna y tratamiento adecuado a los problemas de salud mental que pueden estar enfrentando.

Por todo lo anterior, en la recta final de mi encargo como senadora de la república presenté una iniciativa de ley (que será turnada a la siguiente legislatura para su análisis y aprobación), para que el estado mexicano realice mayores acciones para brindar a niñas, niños y adolescentes herramientas para hacer frente de la mejor manera posible a los problemas de salud mental que enfrentan, y poner en el centro de la atención el derecho a la vida y al desarrollo, atender a la regulación de sus emociones, potenciar las alternativas a los comportamientos de riesgo, desarrollar la resiliencia ante situaciones difíciles o adversidades, y promover entornos y redes sociales favorables.