Desde que el hombre se las ingenió para que mediante un pago otros trabajaran para él, surgieron las castas sociales, en donde uno es el patrón y muchos los que sudan para sacar adelante la tarea y como premio les otorga periódicamente un ligero aumento a su salario, lo que es sólo un simple espejismo puesto que en cuanto entra en vigor de inmediato se incrementan los precios y servicios, lo que hace nugatorio el nuevo ingreso.

Así ha sido desde que María Canica andaba por estos parajes, lo cual el clásico compara salario-precios con una carrera de una tortuga y una liebre. El presidente de la República y el partido político que lo llevó al poder baladronean que “como nunca” en esta administración ha habido un alza a los sueldos, pero callan que a la par hay un mayor costo de la vida. Cada quien sube los precios y tarifas, asegurando que es únicamente el índice inflacionario, sólo que un peso aquí, uno cincuenta allá, o dos pesos, reduce a nada el estipendio obrero, que ciertamente, gana más pero es a apenas una pizcada que al final del día no le sirve de nada.

De entrada taxistas y urbaneros piden que el Gobierno les autorice una ampliación al cobro, al considerar que en las actuales condiciones son mínimas las ganancias que obtienen. Presuntamente 18 asociaciones de taxistas se unieron para solicitar el “ajuste” a la tarifa, para ello –como lo hacen cada vez que hacen este tipo de petición-, elaboran “un modelo de negocio para soportar jurídica, financiera y económicamente” la petición, que incluye los costos actuales de operación, al mismo tiempo asumen el compromiso “de cuidar la economía de las familias aguascalentenses”, pero no dicen cómo será posible.

Se desconoce si en este “modelo de negocio” incluirán que los concesionarios se comprometen a no aumentar la liquidación, ya que es una costumbre de vieja data que cada vez que hay un alza en el banderazo y distancia, de inmediato le exigen al chofer que pague una mayor cantidad, con lo que los auténticos taxistas -los que están diario atrás del volante-, tienen mínimo o ningún beneficio. En este punto es importante destacar que la totalidad de agrupaciones son integradas por los dueños de los vehículos y a los operadores se les incluye en las mismas para que paguen el seguro en caso de accidentes, por lo que en la práctica no hay una agrupación integrada exclusivamente por choferes que vea por sus intereses, de ahí que están a voluntad o arbitrio de lo que decidan los patrones.

Caso contrario ocurre con los choferes del transporte urbano, en donde tienen un sindicato que es totalmente independiente a los propietarios de las unidades, lo que en gran medida sirve para exigir respeto a sus derechos laborales y plantear lo que en justicia convenga.

Por lo pronto, el encargado de la Coordinación de Movilidad, Ricardo Serrano, informó que ya recibió solicitudes para el incremento a la tarifa del transporte urbano y el intermunicipal (Combis), lo que comenzará a revisarse en marzo ya que a finales del mismo mes se conocerá la respuesta, que a pie enjuto será afirmativa, aunque para dorar la píldora el funcionario recurre a la vieja táctica del juego de palabras: “Es un tema que deberá ser revisado a fondo y considerando las distintas aristas, pues por una parte es entendible que los concesionarios busquen el aumento para lograr la rentabilidad por el servicio que prestan, pero también se debe tomar en consideración que derivado de la pandemia, la situación económica no es la más acorde como para subir precios de productos o servicios a la ciudadanía”.

Como remate, dijo: “Por lo pronto no hay ninguna garantía de que se vaya a autorizar el aumento”, pero esto cambiará en el curso de febrero y a lo largo de marzo para que en la última semana de marzo se dé a conocer que se autorizó un “ligero ajuste” para no desequilibrar las finanzas de los concesionarios.

Lo dicho comendador, el obrero recibe un salario mayor pero éste apenas sirve para pagar los incrementos a precios y tarifas de productos y servicios.

A QUÉ EL PACHA

En un verdadero merequetengue metió el cinco veces diputado Sergio Augusto López Ramírez a su partido, el Verde Ecologista de México, al colocarlo en un lugar principal de los misóginos, lo que viene a sumarse a los sucesos de Cancún, Quintana Roo, en donde al dirigente del PVEM y también diputado José de la Peña Ruiz Chávez se le acusa de estar involucrado en la mafia rumana que clonaba tarjetas de los turistas, al igual que Jesús Sesma Suárez, líder del mismo partido en la capital del país, al que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) imputa que es miembro de un grupo que introducía al sistema financiero activos de procedencia ilícita y recursos que ocultaban origen y destino.

La actitud de cada uno de los mencionados contribuye a que los mexicanos crean cada vez menos en los políticos, al considerar que utilizan como fachada al partido al que pertenecen para cometer sus tropelías, es el caso de López Ramírez, que saltó a la fama nacional por su lenguaje indecente y sus movimientos de manos para hacerse entender mejor de lo que pretendía demostrar, pero que por su bajeza ayudó a que recibiera los peores calificativos en radio, televisión y medios escritos.

Es factible que en su partido –del que es concesionario desde 1999– estén acostumbrados a ese tipo de lenguaje y actitudes, pero por razones lógicas no puede trasladarlo a la máxima tribuna del Estado, que constituye un escaparate abierto para todos los ciudadanos, y mucho menos aplicar expresiones que denigran a la mujer.

Asegura que es profesor normalista, lo que de ser cierto es una vergüenza para la escuela que le expidió el diploma y para sus propios compañeros de generación, ya que resulta difícil de entender que alguien con su nivel pueda ser formador de niños y jóvenes, cuando su lugar sería como cliente de una pulquería de la más baja estofa.

Aunque ha tratado de enmendar lo que dijo en la sesión del Congreso del Estado, Sergio Augusto López Ramírez se llevará por el resto de sus días ese asterisco, lo que por otra parte puede ser que no le importe puesto que si ha sabido vivir de la política no hay por qué deba sentir vergüenza de sus actitudes, que seguramente le son festejadas por la corte que lo rodea.

SE HIZO EL MILAGRO

El regreso a casa del niño Felipe, de 12 años, fue festejado no sólo por sus padres y allegados en general, sino por de todos aquellos que oraron para que pudiera salir lo mejor librado posible de las operaciones a que fue sometido en Galveston, Texas, tras sufrir quemaduras en parte de su cuerpo cuando al estar jugando con fuego accidentalmente se cayó una botella con alcohol, provocando que su ropa de incendiara. En el hospital texano estuvo por espacio de 50 días, además del tiempo que fue internado en el Hospital General de Pabellón de Arteaga. Los padres del pequeño, César Avendaño y Esmeralda Rivera, así como sus seis hermanos, están alegres de que haya superado las operaciones a que fue sometido, por lo que agradecen el apoyo que han recibido del DIF Estatal, de la Fundación Aneze y del Sistema Shriners Hospital for Children, conjugación de esfuerzos que hizo posible su traslado en ambulancia aérea hasta Estados Unidos.

 

GOLPEÓ LO MÁS CERCANO

Los últimos meses se ha informado Con Usted de fallecimientos de personas que tenían un lugar en la vida colectiva, pero hoy le tocó a cercanos al autor de este espacio, con el fallecimiento de su consuegra Josefina Rodríguez y de su cuñada Andrea Iracheta, ambas por enfermedad de largo tiempo, así como de José González, esposo de su finada hermana Carmen, quien se ejercitaba en una bicicleta y se cayó, dejando a sus jóvenes hijos Alejandro, Ricardo y Gabriela. Son momentos difíciles que vive cada familia, porque con motivo de la pandemia sólo se permitió la velación por unas horas y el mínimo acompañamiento a la misa exequial y al panteón, lo que hace más dramático el momento ya que sale de una costumbre ancestral, como es hacer compañía al difunto y a sus familiares.