Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Al ser entrevistado el Secretario de Educación con motivo del “informe” que dio el Presidente de la República al cumplir el segundo año de su triunfo electoral, Esteban Moctezuma Barragán manifestó que “Este Gobierno ha tenido una gran oportunidad para corregir el rumbo de la educación; para que las niñas, los niños, los adolescentes y los jóvenes vuelvan a ser el centro de la labor educativa; para que el magisterio haya sido revalorado. La educación es, de nuevo, palanca de transformación de nuestro país”.
De acuerdo con esta declaración, para el señor Secretario es un hecho que la educación del país, a estas fechas, ya está reformada y que ya tiene definido un nuevo rumbo; que los alumnos vuelven a estar en el centro de atención; y que los maestros ya han sido revalorados socialmente.
¿En qué consiste la corrección educativa?, ¿cuál es, ahora, el nuevo rumbo? Sólo sabemos que se abrogó la Reforma Educativa anterior; pero, a cambio, no se tiene conocimiento de ningún documento rector que la reemplace; al menos no lo conoce el magisterio; por tanto, no existe un nuevo rumbo en materia educativa. Lo único que se ha dicho, en el discurso oficial, es sobre la Nueva Escuela Mexicana; pero de ésta, los maestros sólo conocemos el título. Es por ello que la escuela sigue funcionando con la misma inercia que viene arrastrando de tiempo atrás.
“Que los niños, los adolescentes y los jóvenes volvieron a estar en el centro de la labor educativa”. Por sentido común, todos sabemos que los educandos siempre han estado en el centro de la atención educativa en todos los gobiernos; por ellos y para ellos surgió la escuela. Esta administración, lo que debiera hacer es mejorar las condiciones y el equipamiento de las escuelas para otorgar, al estudiantado, educación de excelencia.
“Que el magisterio ya ha sido revalorado”. Para tasar, apreciar, justipreciar, valorar de nuevo el trabajo de los maestros, invariablemente, se necesita evaluar el desarrollo de su labor, así como evaluar los resultados. Pero como por cuestiones electoreras se suprimió la evaluación docente; entonces, en este Gobierno no se puede revalorar la función pedagógica del magisterio como tampoco se pueden revalorar sus resultados. En el mejor de los casos, sólo queda la posibilidad de revalorar al magisterio con declaraciones o por decreto, como lo pretende el Secretario de Educación; al margen de si los alumnos están o no aprendiendo. Ahora bien, si el señor Secretario fundamenta su apreciación de la revaloración magisterial, al hecho de que las madres de familia piden, en coro, que no haya más “Aprende en casa” y que sean los maestros los que se hagan cargo de los niños; esto, no necesariamente es revaloración magisterial, sino ¿“yo por qué”?, “¡ahí están los maestros!”.
Sería más honesto y responsable reconocer, con humildad, los desafíos que se tienen para mejorar la educación y presentar dos o tres alternativas factibles para la consecución de los propósitos; en lugar de vanagloriarse de algo que todavía no existe en la realidad. Los niños, los adolescentes, los jóvenes, los padres de familia y la sociedad entera, tienen suficiente capacidad intelectual para entender las cosas; y prefieren hechos aunque modestos, pero hechos que los lleven a una educación sólida y eficaz para su vida diaria, en lugar del discurso sin sustento. Por nuestra parte, los maestros entendemos y sabemos que la revaloración no es una graciosa concesión de alguien, y menos por politiquería; el aprecio, la estimación, la admiración, el respeto y el reconocimiento, al maestro, se construyen y se conquistan a diario con el trabajo y el esfuerzo perseverantes en la formación de nuestros alumnos para que sean útiles a sí mismos, a su familia y a la sociedad. No más, no menos.