Natalia Vitela
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Con la llegada de SARS-CoV-2 a México, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) rompió varios récords.
Se convirtió en el centro de terapia intensiva más grande de América Latina, con casi 200 camas de atención especial ocupadas y 150 pacientes intubados. Y solo en 2020 invirtió mil 99.5 millones de pesos en la atención de Covid-19.
Fue además el de mayor mortalidad, con un 32 por ciento, y aún así consiguió cero decesos entre el personal activo de salud.
En la actualidad, el INER atraviesa por uno de los momentos de más baja ocupación por Covid-19, con 30 pacientes hospitalizados, de los cuales 14 están intubados.
El Instituto, sin embargo, está preparado ante cualquier eventualidad que pudiera presentarse con un nueva variante.
En entrevista, Jorge Salas Hernández, director de la institución, señaló que durante la pandemia el INER mantuvo un promedio de 160 camas ocupadas, pero en enero de 2021 el número escaló a 198, es decir, casi el 100 por ciento de ocupación hospitalaria.
«Por eso es que se ha considerado como una gran terapia intensiva. Una terapia intensiva grande de un hospital son 10 camas. Era como tener 10 a 15 terapias intensivas en un mismo espacio», apuntó.
«Cada una de estas camas disponía de un ventilador mecánico; de bomba de infusión para la administración de medicamentos y de equipo de monitoreo avanzado de signos vitales»
A la fecha más de 5 mil pacientes con Covid-19 han recibido atención en el INER.
La plantilla del INER es de alrededor de poco más de 2 mil trabajadores, pero se gestionó contratación de personal adicional. Casi 4 mil 500 trabajadores eventuales de 2020 a la fecha fueron contratados.
«Cada cama tenía personal sobre todo de enfermería para (que el paciente estuviera) vigilado las 24 horas», apuntó Salas.
La mortalidad que causó Covid-19 en el INER ha sido la más alta en el instituto, señaló, pero debe considerarse que los pacientes que ingresan son los más graves. Y a dos terceras partes se les salvó la vida.
«Sí es muy alta porque nunca habíamos tenido en la historia del INER a una enfermedad como la causa de la tercera parte de las defunciones de los pacientes que ingresaron. Otras enfermedades complicadas, como cáncer, VIH, a veces tenían 10, 12, 15 por ciento de mortalidad; esto fue más allá del 30 por ciento, a eso me refiero que fue una mortalidad altísima», comentó.
«Sin embargo para los criterios de una terapia intensiva, pues también los resultados fueron favorables porque mucha gente, dos terceras partes logró salvar la vida; muchas de las personas que estuvieron graves fueron dadas de alta y se ha seguido su vigilancia hasta la recuperación total».
A diferencia de lo que sucedió a nivel nacional, en el INER no hubo decesos entre el personal de salud activo, el cual fue el que estuvo más expuesto y en riesgo.
Para Salas tuvo que ver la capacitación que se ofreció a todo el personal y la creación de la Unidad de Salud Ocupacional que puso en marcha la institución.

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