Romanticismo actual

Por J. Jesús López García

El “romanticismo” es una manera emotiva de ver el mundo, se le confunde muchas veces con el “idealismo”, aunque en el primero no se trata de tomar por bueno todo lo que nos rodea o lo que existía, pues se apoya en buena parte por una nueva visión sobre el pasado. Desde la óptica del romanticismo, lo bueno y lo malo se aceptaban y ambas valoraciones terminaban por definir un “sabor” particular. En la pintura del romanticismo francés, por ejemplo, podía representarse una escena de venta de esclavos en la Antigua Roma y esas escenas, estéticamente muy agradables, no eran ni críticas o pretendían denunciar nada, solamente  fijaban la atmósfera exótica de lo que se estaba recreando del pasado o de otra cultura.

En el siglo XVIII Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) realizó sus magistrales grabados en Le Antichità Romane a partir de las excavaciones que en ese siglo se estaban realizando en los sitios donde se sabía permanecían enterrados grandes monumentos de la Antigüedad. Si bien sus representaciones son precisas en cuanto al objeto observado -acueductos, basílicas, fortificaciones, templos, fragmentos de edificios-, lo cierto es que su dibujo montaba una patente nostalgia por una grandeza pasada que ahora se manifestaba tras casi dos milenios en ruinas magníficas.

Desde esa manera de ver el pasado, surge buena parte de los planteamientos del romanticismo en la pintura, la escultura y la arquitectura. Se recrearon castillos que hubiesen sido imposibles en la Edad Media, palacetes y casas señoriales que imitaban modelos exóticos.

Dentro del romanticismo se encuentran también manifestaciones como el pintoresquismo y el paisajismo; la primera buscando en lo consuetudinario -muchas veces enmarcado en la pobreza de un entorno- la fuente de su proyección estética, y la segunda, encontrando en la naturaleza ya tocada por la mano y la acción del hombre, perspectivas de gran potencia como las escenas marinas de J.M.W. Turner (1775-1851), o de fuerte tinte local, como los cuadros de John Constable (1776-1837) en la campiña inglesa o de José María Velasco (1840-1912) en México donde se aprecia la extensón enorme de nuestro territorio con apenas la irrupción de un convoy ferrocarrilero surcándolo.

Trasladado ello al medio urbano encontramos los grabados de Gustave Doré (1832-1883), que además de sus célebres ilustraciones para la Divina Comedia o Don Quijote e innumerables escenas con criaturas míticas y personajes de todo tipo, también abordó en su romanticismo el Londres victoriano que remite directamente a los cuentos de Charles Dickens (1812-1870) con personajes urbanos de todo tipo, situaciones lo mismo alegres que oscuras, situaciones complejas al final que dieron un tinte igualmente caótico a ese Londres de fines del siglo XIX.

En toda ciudad donde se acumulan los años, hay lugar para una perspectiva romántica, sea por esa nostalgia de un pasado que sin ser mejor que nuestro presente, se nos aparece continuamente como parte de lo que es nuestra comunidad, o por cierto gusto estético que no puede enmarcarse en la racionalidad o la pretendida funcionalidad modernas pues muchas veces lo que observamos en sus objetos no es más que una sobreposición de tiempos manifestados en una adición de modificaciones que son para el rostro de la ciudad, lo que las arrugas para el rostro humano.

En la calle 16 de septiembre existe una casa donde se adivina una fábrica en ladrillo; se aprecian algunas vigas metálicas de riel y un remate mixtilíneo con un nicho, que fue muy utilizado en la primera mitad del siglo XX. La finca no obstante es doblemente romántica pues aunque fue realizada en el siglo XX, alude a la arquitectura tradicional local aunque ya realizada con materiales actuales, y su supervivencia hasta nuestros días con casi un siglo a cuestas, ahora se nos aparece como un emisario de un pasado nebuloso. Un romántico actual.