Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En las novelas policíacas se solía plantear la línea de investigación: “Cherchez la femme”, busca la mujer. En la trama siempre estará implicada una mujer como causa, motivo o fin del evento a investigar. Visión romántica y novelesca que, quizás en algunas ocasiones corresponda a la realidad. Mas seguramente la pregunta que ha de plantearse es: “¿A quién beneficia?”.

El próximo domingo con un costo conocido alto y un desconocido mucho más alto se habrá de simular un acto democrático para cumplir un capricho más del presidente de la República. El costo oficial será alto, no tanto como lo planteó inicialmente el INE, que finalmente tuvo que plegarse a hacer la consulta con las limitaciones a que le forzaron, pero el extraoficial lo será aún más, para los que tenemos idea de lo que cuesta un anuncio espectacular, o el costo de una entrevista en televisión, o la divulgación de una nota en los tiempos “prime”,  o el inundar de “bots” las redes sociales, etc., el costo de esta campaña de apoyo al presidente debe andar muy cercana a la cantidad que se le negó al INE para organizar la consulta.

No se sabe, pero se sospecha que quien ordenó y pagó la campaña debe ser alguien de iniciales AMLO. Una campaña cara, ilegal, bien planeada, bien ejecutada, nada improvisada, a diferencia de la mayoría de las decisiones y obras del gobierno de la 4T. Una campaña mentirosa porque afirma una disyuntiva que no existe, si no votas por la continuidad del presidente perderás “todas” los beneficios que te ha traído la Cuarta Transformación, que a lo sumo se ha limitado a una pitanza que se termina pagando vía aumento de bienes y servicios y que, se traduce, en un “agradecimiento lacayuno” y que en la consulta te pasan la factura.

Una campaña para “ratificar” al presidente, que él mismo planeó, propuso, apoyó, promovió y ejecutó. ¿Para qué si salvo un relativamente pequeño grupo de despistados planteaba seriamente la posibilidad de la renuncia del presidente?

La propuesta de la revocación del mandato es una ocurrencia como muchas otras del candidato López Obrador que terminaron en el bote de la basura o en el expediente del olvido. Después de tres años, lejos de que el Ejército regresase a los cuarteles el país se ha militarizado a niveles que los “civilones” deberíamos ver con preocupación. Después de tres años ninguna de las secretarías de estado ha sido descentralizada a la provincia como en campaña ofreció. Después de tres años el crecimiento económico del 4 por ciento quizás, si bien nos va, se alcance en todo el sexenio. La revocación del mandato se “vendió” como un ejercicio de democracia participativa que, no resiste un análisis crítico. Baste considerar su planteamiento y sus posibles resultados.

En la práctica el ejercicio de la revocación del mandato puede llevar al desconocimiento de un presidente por menos votos que los que le llevaron al poder, lo que de entrada resulta absurdo. Más aún, si como en el presente caso, el ejercicio será un remedo de la elección, con menos rigor, menos casillas, menos vigilancia y, desde ya lo sabemos, menos participación. No hay justificación para que una consulta para desconocer a un presidente tenga menos rigor que el proceso para elegirlo. Un planteamiento terrible contra el voto democrático, porque con las limitaciones de la revocación, la posibilidad de la participación ciudadana es menor.

Su resultado todavía será más cuestionable en el caso de que ganase la revocación. Desconocido el presidente, será el Congreso quien determine quién gobernará al país hasta terminar el periodo, frustrando entonces la soberanía del pueblo que verá suplantada su facultad de elegir gobernantes por un órgano político en que, desde luego privarán los intereses de grupos, antes que los del país. En el supuesto de que se llegase a otra elección el costo económico, político y social sería todavía mayor.

Al margen de las ilegalidades del proceso que son tantas y tan graves que podrá impugnarse con fundadas expectativas de anularse y de las que me he ocupado en artículos anteriores, merece la pena preguntarse: ¿este ejercicio innecesario a quién beneficia y por qué?, ¿por qué la propuesta para llevarlo a cabo provino del presidente, cuando su naturaleza y diseño lo convertiría en todo caso en instrumento de la oposición?, ¿si el INE es tan pervertido, corrupto e ineficaz, cómo voy a exponerme siendo presidente a un ejercicio que me puede costar el cargo?, ¿qué ventajas llevo en desgastarme en una campaña que me desvía de las responsabilidades del gobierno, para promoverme, otra vez, denostar, otra vez, dividir, otra vez, con un costo social aparentemente alto?

La popularidad del presidente es innegable y desde luego totalmente explicable. Tan simple y machacón como el reguetón apela a sus recursos populistas. Sus resultados, luego de más de la mitad de su periodo son paupérrimos, sin embargo la mayoría de la población lo apoya, aunque seguramente el apoyo proviene más de la emoción que de la razón. Siendo evidente su popularidad ¿qué sentido tendría para los opositores promover un ejercicio cuyo resultado se conoce de antemano?

El único beneficiado con este ejercicio será el presidente, como la astrología, tiene tantos escapes para justificar un resultado adverso y aún un resultado pobre en participación, como seguramente será, lo convertirá en una arma para atacar a uno de sus villanos favoritos: el INE.

Pero seguramente hay otra razón importante, para el presidente constituye una práctica gratuita, una búsqueda de la consolidación del aparato electoral de MORENA, una prueba de sus estructuras, un ejercicio de músculo político sin costo y sin posibilidad de derrota, está peleando contra sí mismo, fortaleciendo sus armas, su finalidad no es la consulta, su finalidad última es el control de los órganos electorales, el debilitamiento de los controles políticos y sociales, el fortalecimiento de un presidencialismo autocrático como nunca en los últimos noventa años y la perpetuación de su poder por sí, si el populismo y la salud le alcanzan, o por sus incondicionales, allegados, lacayos o familiares. No me extrañaría que la Shiquitabaum sea sólo la “mona” de las peleas de gallos y el tapado surja de su familia para tratar de heredar una dinastía de gobernantes autocráticos.

La revocación es una provocación más del presidente para moverse en lo que mejor se le da: la confrontación, el desgaste y la división.

A río revuelto ganancia de pejelagarto.

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