Noé García Gómez

Hace unos años, platicando con altos directivos de una empresa automotriz, comentaban que requerían técnicos especializados para realizar tareas primordiales en sus procesos, y que ante tal necesidad, salían a buscar en estados vecinos y cada día más al sur para poder encontrarlos.

En mi mente imaginé una analogía, la industria requiere una base sólida de operarios responsables, un grueso cinturón de técnicos altamente calificados y una especie de pirámide de ingenieros, licenciados y especialistas, una especie de pentágono; en cambio se estaba produciendo una gran base de operarios, un delgado, muy delgado cinturón de técnicos especializados y un grueso número de ingenieros, una especie de reloj de arena. Si empalmamos las dos figuras, veremos el tamaño del problema.

¿Pero por qué está ocurriendo esto? Aquí algunas ideas.

El técnico superior viene de un origen muy valorado en países europeos y asiáticos, como Alemania, Francia o Japón, es el que hace el trabajo operativo tecnificado y especializado, además de que detecta fallas y mejoras que planea a los ingenieros, así mismo aplica los nuevos procesos que se ponen a prueba por parte de las áreas de investigación de la empresa.

En cambio, en nuestro país, México, técnico se le llamaba o se le conocía a alguien que podía hacer cualquier cosa manual u operativa. Ahí la gran diferencia.

Por otro lado, cuando se impulsaron las universidades tecnológicas, con las carreras TSU, parte de su indirecta promoción para atraer estudiantes fue buscando un nicho para quienes no pudieron ingresar o pagar una licenciatura universitaria. Ahí parte de un problema que se convirtió en cultural y algunos dicen, hasta psicológico.

Una familia mexicana presiona a sus jóvenes a que obtengan un título de licenciado o ingeniero, sin importar carrera o institución, el sólo título le da un valor moral ante los demás miembros de la familia. Muchas veces existe rechazo hacia las carreras técnicas porque se piensa que son ‘menos’ que una licenciatura.

Pero el reporte de Manpower, llamado “Resolviendo la escasez de talento”, dice que hacen falta casi un millón y medio de técnicos en el país para cubrir la demanda. El mismo reporte evidencia que el 24% de las industrias manufactureras, mineras, de comunicaciones y transportes, automotriz y de comercio piensa que se han visto afectadas por la escasez de personal técnico profesional.

Por lo que es necesario repensar las ideas que se tienen acerca de los técnicos, la realidad es que de las carreras Técnico Superior Universitario, egresan personas capacitadas profesionalmente para resolver problemas de producción, de organización laboral, de atención y gestión de personas, de administración en general, capaces de liderar equipos y de innovar en sus procesos. Perfiles muy completos, en un corto tiempo.

Sin duda las carreras TSU deben ser revaloradas en el país, ya que son capaces de reactivar la economía con el desarrollo tecnológico que las empresas requieren, además México necesita ampliar la oferta educativa para que jóvenes encuentren una oportunidad de movilidad social.

En la última sesión del Consejo de Universidades Públicas e Instituciones Afines de la ANUIES, realizada en la UTNA en Rincón de Romos Aguascalientes, se reflexionó sobre el problema y se planteaba que no se distingue entre técnico operario y técnico superior especializado o universitario, por lo que se tiene que entrar en la reflexión de la revalorización, y contemplar un cambio de nombre del tipo y nivel educativo, como una medida de solución al corto plazo, además de una estrategia que acompañe dicha revalorización.

Es importante que en órganos educativos de ese nivel, se comience a discutir dicha problemática.

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