Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Así, con el texto que sirve de título a esta columneja, se exornó la placa o piedra, que para el caso da igual, que develaron el Presidente de la República y el Gobernador del Estado, el pasado 10 de los corrientes, en lo que será (ya es, decía San Anselmo, lo que está en camino de serlo) la Plaza de la Convención, luego de haber cruzado de Palacio de Gobierno al Teatro Morelos en cuyo muro oriente, recién descubierto, se adosó la placa que además deja constancia que a 100 años de la instalación de la Convención Revolucionaria, el pueblo y el Gobierno de Aguascalientes decidieron conmemorar el acontecimiento, celebración a la que se unió el Gobierno Federal y la Conferencia Nacional de Gobernadores que agrupa a todos los de las entidades federativas.

Parece un lugar común decir que un acontecimiento es histórico, ahora que el mundo se mueve al ritmo de la mercadotecnia. Es histórico el lanzamiento del último disco de la figurita plástica que descubriera Siempre en Domingo. Es histórica la aparición de la coca verde (me refiero al refresco) endulzada con el gancho de la “stevia” adicionada con azúcar (o seáse da lo mismo atrás que en ancas, llevas las patas colgando). Es histórico el regreso del transbordador espacial dron luego de “espionajar” (¿se dirá así? viene de espionaje) durante dos años desde una órbita ionosférica. Pero decir que se reunieron en Aguascalientes con el Presidente de la República 29 de los 32 jefes de entidades federativas no es histórico, sino HISTÓRICO.

Nada hay menos inapelable que el inapelable juicio de la historia, cada generación reinterpreta los acontecimientos de acuerdo con los nuevos elementos que el paso del tiempo, las técnicas historiográficas y la perspectiva contemporánea aportan para enriquecer la interpretación. Pongamos, por ejemplo, la interpretación de la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach. El intérprete actual tiene muchos más elementos para interpretarla que el que pudiera tener cualquier músico de aquella época. En la actualidad sabemos mucho más de Bach que lo que un vecino contemporáneo suyo sabía. Sabemos su enclave histórico, conocemos prácticamente la totalidad de su obra, entendemos la circunstancia política que vivió, estamos al tanto de la influencia de su pensamiento religioso en su obra, disponemos de análisis computacionales de su producción que nos afirman que es matemáticamente perfecta, tenemos el catálogo de sus grandes intérpretes, disponemos de multitud de versiones de sus obras, en fin, con la información actual enriquecemos el disfrute de la interpretación.

A 100 años de la instalación de la Convención sabemos que días después, habría de constituirse en Soberana, habría de deliberar profundamente sobre la problemática social del país, habría de distanciarse de los principales jefes militares y desconocer al Primer Jefe, y finalmente habría de designar un Presidente de la República en la persona de Eulalio Gutiérrez. Sabemos que el manifiesto de la Convención que incorporó el pensamiento de diversos planes revolucionarios, particularmente el de San Luis de Francisco I. Madero y de Ayala de Emiliano Zapata, constituyó un antecedente próximo de la Constitución de 1917 y que esa Constitución, nuestra Constitución, fue la primera constitución político-social del mundo.

El Presidente de la República y el Gobernador del Estado sabían que al develar la placa hacían historia, reconociendo a la Convención y a Aguascalientes como hitos, ocasión para el pluralismo y la tolerancia, el debate y el análisis, el examen del pasado y la proyección al futuro. Cierto que en aniversarios anteriores, en los 50 y en los 75 años habían comparecido en Aguascalientes los presidentes de entonces. Adolfo López Mateos y Carlos Salinas de Gortari respectivamente, pero nunca se había presentado la circunstancia inédita de reunir a la República. La convocatoria del Gobernador de Aguascalientes al frente de la Conago y la aceptación del Presidente para ajustar su agenda a la fecha de conmemoración, permitió la conjunción de jefes de los estados, lo que indudablemente es un reconocimiento a la estabilidad de Aguascalientes, a su idiosincrasia de respeto y tolerancia, y al trabajo de su gobierno para recuperar la paz social y el desarrollo económico.

El Presidente de la República suele verse tenso y no pocas veces crispado, sus responsabilidades no son para menos. El Gobernador a veces trasluce el esfuerzo cotidiano para mantener el ritmo de crecimiento y los indicadores que ponen de manifiesto sin género de duda el progreso del estado. Los que tuvimos el privilegio de presenciar en algún momento los acontecimientos de la visita presidencial, presenciamos también la distensión, el relajamiento, el sentirse cómodos, seguros y tranquilos, en el ambiente hospitalario de Aguascalientes, que goza a 100 años de los mismos atributos que le hicieron entonces ser el lugar elegido para la Convención. Era y es el mejor lugar.

El acto en el Teatro Morelos fue un hermoso, solemne y elegante evento en que las intervenciones tanto del Gobernador como la del Presidente, hicieron un recuento del significado actual de los postulados de la Convención y su actualidad en el marco contemporáneo. El Presidente amplió su intervención y proclamó la unidad nacional, la vigencia del estado de derecho, la prevalencia de los Derechos Humanos y la condena a la violencia en todas sus formas, particularmente a la que ejercen grupos marginales y organismos delincuenciales.

La reunión pública de la Conago en el Museo Descubre, posterior al acto en el Morelos, dio testimonio de que Aguascalientes fue, a 100 años, como entonces, un enclave de armonía y progreso en un México convulso, un ejemplo de que pueden convivir las más diversas corrientes e ideologías cuando prevalece el interés superior de la República.

¡Viva Aguascalientes! ¡Viva México!

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