Un romance abrasador en medio del océano

En 1991 el maravilloso director francés Jacques Rivette (“Noroît”) estrenó un trabajo titulado “La Bella Latosa”, el cual disertaba sobre el arte plástico como nexo entre dos almas símiles, en este caso un pintor en estado creativo y matrimonialmente decadente y su modelo, una mujer (la incipiente Emmanuelle Béart) casada con un gran amigo con quien entabla una profunda relación no corporal, sino de mente y alma. “Retrato de una Mujer en Llamas”, la más reciente cinta de Céline Sciamma (“Tomboy”), encuentra en la misma premisa del filme de Rivette una arista diferente al emparejar a una pintora con su tema, otra fémina pero en circunstancias embriagadas de una atmósfera líricamente misteriosa que añade profundas dimensiones a un relato ya socorrido por la literatura y el 7º. Arte en incontables ocasiones, pero cuyo efecto cautiva, o mejor dicho embelesa por la grácil fotografía y unas actuaciones extraordinarias de la pareja protagónica.
La película se ubica en el punto crepuscular del Siglo XVIII, cuando la plástica visual dominaba los quehaceres expresivos humanistas. Es aquí cuando el filme nos presenta a Marianne (Noémie Merlant) en un atelier como instructora de jóvenes aprendices pictóricas a quienes les narra la historia detrás de una hermosa pero enigmática pieza titulada “Retrato de una Mujer En Llamas”. Vía analéptica nos encontramos con ella arribando a una isla donde habita una breve familia aristocrática y su servidumbre que la ha contratado para que retrate a una joven llamada Héloise (Adéle Haenel), quien recién ha claudicado del convento y está próxima a casarse, aún si ella no desea contraer nupcias. Su naturaleza es recelosa, por lo que Marianne recibe instrucciones de hacerse pasar por dama de compañía sin solicitarle a Héloise que pose, por lo que deberá realizar la pintura tan solo memorizando los rasgos necesarios de su mujer-tema. Conforme ambas pasean entre los acantilados golpeados por el turbulento mar y las bucólicas campiñas aledañas, se entabla una relación que sobrepasa el mero afecto para terminar vinculadas en un lazo erótico genuino donde no sólo hay comunión física, también mental y espiritual.
Las reflexiones que produce Mariánne en tiempo psicológico mediante sus pensamientos respecto a Héloise y el arte mismo son esenciales para comprender el acercamiento simbólico que pretende la directora Sciamma sobre la plástica y la vertiente pasional producto de la soledad y la penumbra existencial. Los contrapuntos que la cineasta provee mediante el fuego real y metafórico que inunda la retina del espectador con el incesante azul del vertiginoso océano logra transfigurar su discurso en uno análogo a las inquietudes y meditaciones intelectuales que desarrollan las dos protagonistas, ya sea a través de sus cautivadores intercambios verbales o empleando el mito de Eurídice y Orfeo, presente como texto y pintura. Y con este vínculo a la poética griega, bien podemos enlazar el trabajo de Sciamma al de Safo por su propósito claro y honesto de ahondar en el universo femenil con un sentido narrativo firme y autoral aunado a su rica constitución visual, donde cada encuadre y su mise-en-scènepose en una belleza digna de contemplación. “Retrato de una Mujer en Llamas” apuntala la postura del cine galo como uno de los manifestantes más concretos y maduros sobre las mujeres y sus valores fundamentales como la amistad y el amor. Una de las mejores películas estrenadas -tarde, gracias al coronavirus- este año en nuestro Estado.

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