COLUMNA CORTE1ª Función
“SIEMPRE ALICE” (“STILL ALICE”)
Con el fin de estructurar la actividad nemotécnica, los antiguos romanos diseñaron una actividad logística que involucra la colocación de recuerdos específicos en sitios concretos para facilitar su recuerdo como un conjunto de habitaciones para que more la retentiva. A este proceso lo bautizaron como “Loci” o “Palacio de la Memoria”, una residencia de conciencia que, en ocasiones, puede ser tan frágil como el cristal, sobre todo con la llegada de un depredador destructivo como el alzheimer, mal que termina demoliendo esta construcción mental y también la vida de quien lo padece. Alice Howland (Julianne Moore, ganadora del Óscar este año por esta interpretación) se traduce como un caso más alarmante, pues su memoria es una herramienta invaluable para su funcionamiento profesional como una brillante lingüista y afamada escritora, pero ve comprometido todos sus logros, su vida familiar e incluso su cordura con la llegada prematura de esta enfermedad, mostrándose aterrorizada por su futuro y por comenzar a olvidar la vida que ha forjado, por lo que comienza a grabar y anotar todas sus experiencias diarias con el fin de autoalimentar su recuerdo y existencia, así como combatir su deterioro mental con el apoyo de su esposo John (Alec Baldwin) y su hija Lydia (Kirsten Stewart). La cinta habita en una simplicidad que exuda transparencia y sencillez narrativa como parte de un esfuerzo de los directores Richard Glatzer (quien, por cierto, también padece de un alzheimer moderado) y Wash Westmoreland por mantener el eje dramático en su personaje principal, esquivando mayores predicamentos, lo que resulta muy eficaz por el excelente desempeño actoral de Moore, quien tiene sobre sus pálidos y huesudos hombros todo el peso argumental. El resultado es muy satisfactorio, si bien no muy aventurado, pues los puntos dramáticos son relatados con bastante sobriedad y en ocasiones peca de cierta ingravidez para sobrecoger al espectador por un uso algo incoherente de la estructura televisiva. Pero el conjunto es muy placentero, tratando el tema con delicadeza y permitiendo que sea Julianne Moore quien imprima la fuerza mediante escenas de alto pathos (aquella en que busca su teléfono celular sintetiza de maravilla todas las intenciones dramáticas del filme y el pavor existencial de Alice). Un trabajo que, a diferencia del personaje que da título a la cinta, no se olvidará pronto.

2ª Función
“OJOS GRANDES” (“BIG EYES”)
Si los ojos son la ventana del alma, los etéreos personajes infantiles plasmados en lienzo por la pintora Margaret Keane tenían espíritu para convidar. Sus cuadros eran un reflejo de su propio extravío emocional y así se manifiesta en la cinta “Ojos Grandes” el caso real de una mujer que se vio explotada, alienada y recluida por su astuto marido Walter, quien vendía las obras de su esposa como suyas. La estrategia fue redituable, pero el precio a pagar fue por demás alto, pues de baja denominación era la moneda del orgullo y la estima para una fémina que quisiera desarrollar una actividad creativa o artística durante la década de los cincuenta, y ésa es la tesis bajo la que opera esta producción dirigida por Tim Burton, más cercana a sus intentos por validarse como cineasta serio (“Ed Wood”, “El Gran Pez”) que de sus estrambóticas fantasías góticas cuya efectividad se ha visto mermada a últimas fechas. La cinta funciona en términos medios, pues el desempeño de Amy Adams como Margaret no se percibe dimensionado, como si le costara mimetizarse con el personaje, mientras que Christoph Waltz como Walter es toda una tromba de manierismos, gestos y desplantes. Por otro lado, el problema que supone la estafa detrás de las pinturas jamás llena o sacia los requerimientos dramáticos promedios al abordarse con bastante trivialidad. Un relato con mucho potencial termina decepcionando por carecer de una mano firme de un director más comprometido con elementos de reflexión e incluso ironía, pues a pesar de que el aspecto central de la trama son figuras representativas de la infancia con ojos espeluznantemente grandes, todos los personajes que deambulan en la cinta están, de alguna manera, ciegos a sí mismos y sus capacidades. Loable es que Burton pretenda narrar con la pluma de autor maduro, pero si éstos son los resultados, mejor que vuelva a aliarse con Johnny Depp en otra estrafalaria aventura.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com
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