Daniela Perales Bosque

Las pasadas semanas han sido un golpe duro para la mujer mexicana. Nos hemos enterado de atrocidades que suceden contra nuestro sexo, víctimas que sufren violencia y feminicidios. Son los noticieros diarios quienes nos muestran la cara y los nombres de estas víctimas, quiénes son aquellos que las buscan, pero, sobre todo, dónde fue vista por última vez. Qué impresión, cómo se ha vuelto tan importante la localización, la última vez en que fue vista una víctima, a dónde se dirigía y la propia tecnología para creer estar “segura”. Escuchamos muy a menudo de la violencia de la mujer, de más desapariciones y de los propios feminicidios, pero ¿qué hay detrás de ello en realidad?, constantemente pienso eso en mi cabeza. ¿Quiénes eran estas mujeres víctimas?, ¿cuáles eran sus circunstancias, su historia, sus vivencias diarias? Parecería que el feminicidio distingue entre sus víctimas, porque sabemos que ocurre con frecuencia, pero lo vemos a la distancia.

Sin sonar redundante con esta frase que suena durante las marchas del día de la mujer, pero ahora sí analizándola conscientemente, escribo: “nos queremos vivas, libres y sin miedo” ¿Por qué habría la mujer de exigir menos que su seguridad en nuestra sociedad? Es justo que, como ciudadanos, queramos eso para todos nuestros seres queridos.

Además, parece que la justicia aún distingue entre clases y prioridades, porque de lo contrario sabríamos más de los paraderos de la mujer desparecida. De ser así, las marchas del día de la mujer no estarían repletas de padres y hermanos de mujeres desaparecidas aún buscándolas.

En la semana pasada, ocurrió en Nuevo León una manifestación por la muerte de una joven y el gobernador acudió personalmente a dialogar con las manifestantes. Muchas otras mujeres, la mayoría madres de familia que también tienen hijas desparecidas, aprovecharon la oportunidad de esta manifestación para hacerlo por sus hijas respectivamente. Durante el diálogo, las madres gritaban al gobernador que si su esposa Mariana estuviera desaparecida, ya la habrían encontrado.

Es por ello que creo que la justicia aún prioriza qué casos resolver. Quizás el caso de la joven en Nuevo León, de no ser porque provocó tanto revuelto e indignación en los ciudadanos y las redes sociales, no habría causado tanta movilización del gobierno. Recordemos que aún faltan muchas mujeres desparecidas, sin respuesta a sus familias, con dolor e incertidumbre para siempre.

Sensibilicemos y creemos conciencia de este lamentable momento. Hace falta proteger a la mujer, garantizarle su paz, su seguridad y libertad.

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