Por casi 30 años el asilo San Vicente, ubicado en Paseo de la Cruz en el Barrio del Encino, otorga asistencia social profesional a personas de la tercera edad, encabezado por la madre superiora Rosa Patiño Rodríguez, quien coordina las acciones administrativas y recreativas. La institución, busca restaurar a las personas de la tercera edad que se encuentran en condiciones de marginación y pobreza.

Actualmente, el asilo San Vicente tiene una población de 20 abuelas. Desde temprana hora comienzan sus actividades con la celebración de una misa. Se les proveen alimentos, además de que pueden realizar actividades recreativas como juegos de mesa, canto y próximamente podrán aprender algunos instrumentos musicales. Debido a la gran calidad en la atención brindada a los adultos mayores, la institución cuenta con una lista de espera de 150 personas, incluso algunas de ellas provenientes de países sudamericanos. Edith Tiscareño, auxiliar del asilo, detalló que antes de que una persona de la tercera edad, es aceptada, se trata de entablar conciencia con los familiares del abuelo, agotando todas las posibilidades considerando que no existe un entorno más acogedor para los adultos mayores, que su propia familia. Debido a la alta demanda y preocupados por ofrecer una atención de calidad, el asilo San Vicente también ofrece la posibilidad del servicio de estancia, con un horario de 8:00 a 20:00 horas de lunes a viernes. Las religiosas que se encargan de la atención de las personas adultas, deben cumplir con requisitos indispensables como vocación y entrega para ser seleccionadas.

Dentro de los compromisos que adquieren los familiares de las personas en el asilo, es que estén al pendiente de los viejitos y que asistan a las visitas de manera frecuente, así como llevarlos a pasear en vacaciones, durante semana Santa y en el día de sus cumpleaños; además de pagar la cuota de recuperación. Aún así, existen abuelos que no son frecuentados por sus familiares, por lo que personas interesadas pueden convertirse en padrinos o incluso únicamente asistir a platicar con ellos. Los abuelitos pueden recibir cualquier tipo de donativo, desde dulces, artículos de limpieza personal, sin embargo, lo que más se necesita son pañales y toallitas húmedas. «En muchas de las ocasiones lo que quieren los abuelitos es poder platicar, ser escuchados. El tiempo para ellos es algo valioso», indicó.

 

Ejemplos de vida

A sus 97 años de edad y con una lucidez perfecta, la madre Conchita, quien desde los últimos 7 años se encuentra internada en el asilo, todos los días sentada en una silla de madera como a ella le gusta, se pone a tejer bufandas, mismas que vende en 150 pesos para poder contribuir al pago de su cuota de atención. Aunque camina lento y apoyada en una andadera, confiesa que mientras se pueda valer por sí misma no acepta ningún tipo de ayuda. Eso le ha permitido tener agilidad mental y sentirse útil.

«Huesitos», como le dicen sus compañeras en el asilo, es otra de las abuelitas que hacen de las tardes para el resto de las abuelitas que sean divertidas. Aún con sus limitaciones propias de la edad, en su mirada se aprecian las ganas de querer y ser querida. Motiva y en el patio de recreación ocasionalmente ambienta a los presentes con sus canciones que conoce a precisión.

También grupos de estudiantes universitarios contribuyen en el cuidado de los abuelos asistiéndolos para labores de cocina, alimentación y de apoyo moral en algunos casos. Para marzo siguiente, se prevé la apertura de un segundo asilo, denominado «San Rafael», el cual estará al sur de la ciudad y prestará la atención para 40 adultos mayores. Ante ello, se solicita el donativo de material de construcción para que en la fecha programada, la nueva institución pueda abrir sus puertas, conscientes de que cada vez son más los adultos que requieren ese tipo de servicios.

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